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Ecuatorianos residentes en Argentina advierten de los efectos desastrosos que tuvo la dolarización en su país

“Explotó de la noche a la mañana”, si bien teníamos una inflación en subida, al asumir un presidente que propuso la dolarización, Jamil Mahuad, asesorado por Domingo Cavallo, hubo una hiperinflación radical”.

En 1999, el índice de precios fue de 52% en Ecuador -mucho menos que el 140% actual de la Argentina- y al año siguiente, cuando en enero se dolariza, se elevó otro 96%. Es decir, los productores y servicios duplicaron su valor en dólares. La moneda estadounidense, que en diciembre de 1998 cotizaba a 6.500 sucres, subió en un año a 18.200 y al mes siguiente, en enero de 2000, se dolarizó de un día para el otro a 25.000. “Ese día hubo feriado bancario y la gente no pudo sacar el dinero”, recuerda el fotógrafo. A diferencia de la Argentina de las últimas seis décadas, donde la población ahorra en dólares, los ecuatorianos de entonces juntaban sucres en los bancos. “No veía dólares, hicieron unas monedas ecuatorianas de dólar”, hace memoria.

“Fue heavy. La pobreza se multiplicó a full y por eso se produjo la migración histórica del país”, puntualiza Francisco. Antes de la crisis de 1999, casi el 3% de los ecuatorianos había emigrado. Para 2005 ya sumaban más del 7%. “Mi papa se endeudó y se fue a España, pero no nos funcionó, no era fácil encontrar nada”, cuenta quien estaba terminando la secundaria. Su padre era vendedor de libros y su madre, empleada en un local de venta de computadoras. “Mis abuelos se quedaron sin nada, pasaron a cobrar 25 dólares como jubilados. Mis tíos los ayudaron porque tenía bastantes dólares. Hubo muchos suicidios, mi abuelito quería suicidarse… Yo estaba asustado”, lamenta. La tasa de suicidios subió 1,8 por cada 100.000 habitantes en 1999 a 4,3 en 2000 y hasta 7,1 en 2005. “La gente no podía pagar deudas porque nadie tenia dólares. Si no tenías dólares de antes, te fregaste. Acá hay más dólares. Fue una crisis tenaz, duró un montón, hasta que Ecuador se estabilizó tardó como diez años”, señala Francisco.

Sofía Buendía, ecuatoriana que vino hace cuatro meses a estudiar Letras en la Universidad de Buenos Aires (UBA), estaba lejos de haber nacido cuando se dolarizó su país. Tiene 19 años, es de 2004. “Mi mamá tuvo que pasar la dolarización y fue terrible”, recoge el relato de su madre. “La gente tuvo que migrar, hubo una alta tasa de suicidios. Para ella fue súperduro porque los ahorros de una vida entera se le rebajaron a 20 dólares. Quedó en una situación muy precaria. Mis familiares se apoyaron entre ellos. Para la gente que no era médica o profesional, que vivía con sus tiendas, sus kioscos, fue una devastación total.”

“Vine a la Argentina porque la universidad es gratis”, cuenta Sofía. “No teníamos cómo pagar las universidades privadas que hay en Ecuador, que son muy caras, y la pública casi no tiene mas que una cátedra de filosofía. Además siempre me gustó la Argentina porque estos valores sociales están todavía salvaguardados. No es que sabía todo lo que pasaba aquí, pero tenía ese preconcepto”, se refiere al avance de un liberalismo extremo como el que plantea Javier Milei y su plan de dolarización y motosierra al Estado.

“Tengo dólares y es más barato vivir aquí”, comenta Sofía y compara el costo del kilo de arroz de US$2 en la Argentina y de US$3 en Ecuador. Con US$350 alquila y come. En su país no alquilaba, pero debía pagar por la universidad US$2.000 semestrales y por eso gastaba US$450 por mes. Eso incluye los taxis para salir de noche porque el colectivo funciona hasta las 20, cuenta.

Sofía describe el estado de su país cuando lo dejó: “Realmente estaba muy mal, justo cuando fue la muerte cruzada (el proceso por el que el presidente Guillermo Lasso, antes de ser destituido, llamó a elecciones para sucederlo, en las que ganó otro liberal, Daniel Noboa, frente a la correísta Luisa González). Antes, Lasso legalizó las armas por la inseguridad. Fueron años de políticas de retroceso social y desinversión pública”, relata la estudiante.

“Ecuador estaba súperinseguro. Yo no podía salir a la calle después de las 20. Es difícil ser mujer. Me tocaba regresar con mis amigas y estar pendientes de dónde estábamos. Yo nací en 2004 y viví los rezagos del petróleo en Ecuador, cuando no era tan peligroso”, recuerda el periodo 2006-2014 en que cotizaba alto el crudo, uno de los principales productos exportados por su país. “Después la inseguridad se fue incrementando”, relata. En la ciudad de Buenos Aires, encontró otro mundo, pese que la inseguridad es la segunda mayor inquietud de la población argentina, tras la inflación: “¡Fue increíble! Nunca había vivido tanta seguridad en mi vida… poder vivir en la noche, el transporte público tan diferente, tan organizado, hasta altas horas de la noche. Puedo salir, caminar por la calle, en CABA siempre hay policía, la gente no me mira, no he recibido acoso callejero”. 

Ecuador está viviendo una nueva ola de emigración, pero sobre hacia Estados Unidos. La Argentina no es un destino elegido para radicarse, aunque sí para estudiar. Los últimos datos públicos sobre la inmigración ecuatoriana en la Argentina datan de 2018. Ese año se resolvieron 221.000 radicaciones, de las cuales 3.000 eran ecuatorianos. Venezuela, Paraguay y Bolivia lideraban entonces el flujo de nuevos residentes, seguidos por Colombia, Perú, Brasil, Chile y, en octavo lugar, Ecuador. Pero en estos últimos cinco años la situación del país dolarizado más poblado del mundo ha empeorado por el retroceso de la economía -ya defaulteó dos veces desde que eliminó el sucre, en 2008 y 2017- y el avance de la inseguridad y el narcotráfico. El crimen organizado mató a un candidato presidencial en la última elección en la que venció Noboa.

Víctor Padilla, de 24 años, emigró de Ecuador a la Argentina en 2018 para estudiar arquitectura en la UBA y actuación en el Instituto Universitario Nacional de las Artes (IUNA). “En mi concepción no estaba muy presente, pero la clase media alta ve que tiene más oportunidades estudiando en la Argentina. A mi la oferta académica, cultural y artística de Ecuador no me representaba. No me veía en la sociedad de mi país de Tercer Mundo, conservadora, religiosa. Vine acá y no sabia por qué. Sólo conocía la música, el arte, pero la Argentina no estaba en mi radar. Vi que la UBA era una de las mejores universidades del mundo, gratuita, y comparé con otros países el acceso y el costo de vida, como Alemania o Rusia. Como en Ecuador es más difícil acceder porque hay cupos, hay exámenes de ingreso, me fui.”

“No es tanta la diferencia del costo de vida”, admite Víctor. “Cuando vine, no había tanta gente de Ecuador, eran más comunes los venezolanos y los colombianos”, recuerda 2018. “Ahora hay muchísima gente de mi país. Después de la pandemia, los escuchas sobre todo en los aeropuertos, en las agencias que te ayudan a que estudies en la Argentina. Vienen chicos de 18 años que no saben cómo hacer tramites y ellos te ayudan, pero te cobran US$1.500 por trámites que son gratuitos”, explica el estudiante de arquitectura y actuación. Él vino con una de estas agencias. “La seguridad y la educación influyen mucho para venir. No venimos para quedarnos por la inestabilidad económica”, cuenta Víctor. “Allí no puedes salir a calle, no puedes usar el transporte publico a determinadas horas. Allí es más complicado estudiar y trabajar. Aquí tener un titulo universitario tiene más repercusión.

“Hoy está bastante complicada la situación en Ecuador, es difícil saber qué va a pasar, hay incertidumbre”, lamenta el estudiante. “Lo que más repercute es la inseguridad, ya no importa el barrio ni el horario, es bastante inseguro. Hay un ambiente de crimen organizado muy fuerte, bandas delictivas que operan desde prisión. La Argentina no es lo más seguro del mundo, también hay inseguridad, pero hay contraste al ver que hay gente por la tarde y la noche en las calles.”

Víctor era un bebé de un año cuando su país dolarizó, pero guarda el relato de su familia. “La dolarización repercutió bastante en la sociedad, hubo una ola migratoria, sobre todo a España. Sucedió como aquí con el corralito de 2001, con un feriado bancario de por medio. La gente termino adaptándose, el pobre fue más pobre y el rico se adaptó. Justo antes de la dolarización, mi familia había vendido todo sus terrenos, en una provincia lejos de la capital, y compraron casa en Quito. Al mes siguiente murió el sucre. Si hubiese ocurrido antes, hubiese sido imposible comprar después.”

El diagnóstico de Ecuador no es sólo compartido por parte de los inmigrantes de ese país en la Argentina. En un reciente informe del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci) llamado “Ecuador. Más de dos décadas bajo el signo del dólar sin mejores visibles” se concluye a partir de datos de organismos internacionales que “el sistema de dolarización que rige el modelo económico y social ecuatoriano, tras casi un cuarto de siglo de vigencia plena, no le ha aportado ventajas comparativas palpables y demostrables respecto a los países de la región”. “Tanto Ecuador como el resto de los países de la región latinoamericana seguimos atravesando recurrentes períodos de crisis combinados con breves momentos de prosperidad relativa que no alcanzan para entrar en un tiempo prolongado de desarrollo sustentable, que nos permita consolidar el tan ansiado cambio de época en la que el dato más significativo sea una constante mejora en la distribución del ingreso”, advierten Ruben Ciani, Ricardo Climent y Leonel Villafañe, del equipo económico del Isepci.

Fuente: Eldiario.es

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