El mensaje dominical de Trump expuso sin rodeos el alcance del polémico acuerdo petrolero con Venezuela. Mientras Delcy Rodríguez asegura que Caracas mantiene la propiedad y la soberanía sobre sus recursos, el presidente estadounidense habló de un “regalo” al pueblo norteamericano y confirmó que utilizará el crudo venezolano para abastecer las reservas estratégicas de EE.UU.
La contradicción difícilmente podría ser más evidente. Mientras el gobierno venezolano insiste en que Venezuela conserva la propiedad y la soberanía sobre su petróleo, Donald Trump apareció para agradecer públicamente lo que describió como un verdadero obsequio para Estados Unidos.
“Una de las cosas que voy a hacer con el petróleo venezolano es llenar las Reservas Estratégicas Nacionales”, escribió Trump en su red Truth Social. Y remató: “es un regalo de Venezuela al pueblo de los Estados Unidos. ¡Gracias!”
La frase encendió las alarmas y reforzó las sospechas de quienes consideran que el acuerdo representa, en los hechos, una cesión extraordinariamente ventajosa de los recursos petroleros venezolanos a los intereses estadounidenses.

El contraste entre ambos discursos resulta particularmente significativo. El sábado, Delcy Rodríguez había defendido el acuerdo y asegurado que Venezuela mantendrá “la propiedad y la soberanía” de su petróleo. Sin embargo, el anuncio realizado desde Washington plantea un escenario en el que empresas estadounidenses obtendrían una posición dominante sobre la explotación y comercialización de una parte estratégica de las reservas venezolanas.
Según informó la Casa Blanca, Estados Unidos tendrá control mayoritario sobre 65.000 millones de barriles de reservas petroleras venezolanas, en lo que la propia administración Trump presentó como “el mayor acuerdo petrolero de la historia”.
El pacto establece además que Estados Unidos tendrá el 55% de la producción efectiva de la nueva empresa privada, junto con participación accionarial y el derecho a comprar petróleo al costo. De acuerdo con un funcionario estadounidense citado bajo condición de anonimato, parte de esas compras serán destinadas a las Reservas Estratégicas de Petróleo de Estados Unidos y a las Fuerzas Armadas.
Trump también afirmó que la negociación fue impulsada por el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario de Defensa, Pete Hegseth; y Delcy Rodríguez.
Así, mientras Caracas intenta presentar el entendimiento como una operación que preserva la soberanía nacional, Washington no parece tener reparos en exhibir los beneficios estratégicos que espera obtener. El propio Trump habló de llenar las reservas estadounidenses con petróleo venezolano y calificó el resultado como un “regalo”.
La escena deja una pregunta inevitable: ¿puede hablarse de soberanía petrolera cuando la principal potencia mundial obtiene una posición mayoritaria sobre la producción y acceso privilegiado al crudo?
Para sus críticos, el acuerdo representa mucho más que una operación comercial. Es una peligrosa señal del peso que Estados Unidos vuelve a ejercer sobre los recursos estratégicos de América Latina, con el petróleo venezolano convertido en el centro de una negociación cuyos beneficios para Washington Trump ya se encargó de celebrar públicamente.