Desastre: se desplomó la actividad en julio y registró la peor caída desde la pandemia de coronavirus

Los datos oficiales del INDEC terminaron de demoler la mentira de la “recuperación en V”. El colapso del consumo, el parate industrial y el hundimiento de las ventas provocaron un derrumbe histórico de la economía que desnuda la profundidad de la recesión libertaria.

El relato de la reactivación económica que pregona el Gabinete libertario volvió a estrellarse contra la contundencia de los datos oficiales. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) publicado por el INDEC reveló un derrumbe estrepitoso de la actividad durante el mes de julio, registrando la contracción interanual más severa desde los meses más duros de la pandemia de coronavirus en 2020. La cifra confirma que el programa económico de Javier Milei no generó un rebote, sino un estancamiento profundo con tintes de depresión.

La caída del indicador estuvo traccionada por el colapso sistemático de los sectores que mayor mano de obra intensiva generan en el país. La industria manufacturera, el comercio mayorista y minorista, la construcción y el consumo masivo mostraron desplomes de dos dígitos, víctimas directas de la pérdida brutal del poder adquisitivo de los salarios, los tarifazos desmedidos en los servicios públicos y la eliminación del crédito productivo. La política de secado de plaza y ahogo monetario implementada por el Ministerio de Economía dinamitó la actividad comercial en todos los rubros.

Los números echan por tierra la promesa oficial de una rápida salida del estancamiento y exponen las consecuencias reales del superávit fiscal a costa del hambre social. Lejos de atraer inversiones generadoras de empleo o promover la competitividad, la receta de ajuste draconiano y licuación de ingresos destruyó el mercado interno, dejando a miles de pymes al borde de la quiebra y destruyendo puestos de trabajo formales de manera acelerada.

El desplome histórico de julio pone al descubierto la insostenibilidad del modelo en el mediano plazo. Mientras la Casa Rosada insiste en celebrar el congelamiento de la economía como un “éxito” de su política antiinflacionaria, la economía real muestra un escenario desolador donde las familias reducen sus consumos básicos y los comercios de barrio bajan sus persianas ante la falta absoluta de ventas.

Este récord negativo marca a fuego la gestión económica de la administración oficialista y ratifica la gravedad del rumbo elegido. Sin consumo interno, sin industria y sin un plan de desarrollo que proteja el tejido productivo nacional, el “experimento libertario” arrastra al país a una crisis social y económica sin precedentes, donde la única variable de ajuste sigue siendo la calidad de vida de las mayorías populares.

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