La economía argentina entró técnicamente en recesión, según un relevamiento privado que confirma el deterioro de la actividad y pone en jaque el discurso triunfalista del Gobierno de Javier Milei. El informe del estudio Orlando J. Ferreres y Asociados reveló que la actividad económica cayó durante el tercer trimestre, acumulando dos períodos consecutivos de contracción. Ni siquiera la leve mejora registrada en septiembre alcanzó para revertir el desplome previo.
Los números son contundentes. en septiembre el Índice General de Actividad (IGA) registró una caída interanual del 0,8%, mientras que el acumulado de los primeros nueve meses de 2026 mostró una contracción del 0,3% frente al mismo período del año anterior. A su vez, el tercer trimestre cerró con una caída del 1,2% respecto del segundo, consolidando el escenario recesivo que el relato oficial intenta disimular detrás de indicadores parciales y promesas de recuperación.
El dato es particularmente grave porque desarma uno de los principales argumentos del oficialismo: que el ajuste, la desregulación y el supuesto ordenamiento macroeconómico conducirían inevitablemente a una recuperación sostenida. Por el contrario, los relevamientos privados muestran una economía que pierde impulso, con sectores fundamentales de la producción todavía en retroceso y perspectivas cada vez más inciertas.
Industria, construcción y comercio, entre los sectores más golpeados
El deterioro no se distribuye de manera uniforme. Mientras algunas actividades extractivas exhiben fuertes avances, buena parte de la economía vinculada con la producción, el empleo y el mercado interno continúa mostrando dificultades.
- Industria manufacturera: cayó un 1,5% interanual en septiembre y acumuló una baja del 2,3% durante los primeros nueve meses del año.
- Construcción: registró una contracción interanual del 1,8% en septiembre.
- Comercio mayorista y minorista: retrocedió un 0,8% interanual.
- Agricultura y ganadería: el sector agropecuario cayó un 3,9% interanual, afectado especialmente por el retroceso de la actividad ganadera.
En contraste, la minería creció un 17,4% interanual y el suministro de electricidad, gas y agua avanzó un 7,5%. Sin embargo, el dinamismo de esas actividades no alcanza para compensar el retroceso de otros sectores de la economía. El resultado es un crecimiento profundamente desigual, que no se traduce en una recuperación generalizada de la producción y el consumo.
Una recuperación que no llega y un horizonte cada vez más incierto
El propio informe de Ferreres advierte que el deterioro de las perspectivas podría demorar y ralentizar la prometida recuperación económica. La advertencia contradice la expectativa oficial de una reactivación firme y obliga a poner en cuestión la eficacia de un programa que, mientras promete prosperidad futura, no consigue consolidar una mejora sostenida de la actividad.
Aunque septiembre mostró un avance mensual marginal del 0,1%, esa variación fue insuficiente para compensar las caídas anteriores. En otras palabras, una pequeña mejora de un mes no modifica el cuadro general: la economía continúa debilitada y la recesión ya aparece en las estimaciones privadas.
Cabe una precisión: el diagnóstico se basa en indicadores privados y la confirmación oficial del desempeño trimestral depende de las cifras definitivas que publique el INDEC. Pero la coincidencia entre los relevamientos y la magnitud de las caídas constituyen una señal de alarma que el Gobierno no puede ignorar.
La pregunta de fondo es cuánto más puede resistir la economía real un modelo que privilegia el ajuste, mientras la industria, el comercio y otras actividades productivas siguen sin encontrar un camino de recuperación. Porque detrás de cada indicador negativo hay empresas que venden menos, inversiones que se postergan y puestos de trabajo que quedan bajo presión.
La recesión vuelve a desnudar la distancia entre el relato oficial y la realidad económica. Mientras Milei insiste en presentar su programa como el camino hacia la recuperación, los datos privados muestran un panorama mucho más preocupante: dos trimestres consecutivos en caída, sectores productivos golpeados y perspectivas de mejora que se alejan. La motosierra podrá exhibirse como un símbolo político, pero no alcanza para poner en marcha una economía que sigue perdiendo dinamismo.