El nuevo Ministro de Justicia de María Eugenia Vidal, Gustavo Ferrari, se recibió de abogado en la UBA: si bien había empezado en la Católica, tuvo que largar porque no le alcanzaba la plata. Hoy tiene casa de fin de semana en el country Los Cardales y palco propio en la Bombonera.
En lo laboral, Ferrari se dedicó a la relación entre el sistema judicial y los bancos, y fue director de ABRA, la cámara que agrupaba a la banca extranjera. También trabajó en la procesista fundación Fores (Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia), una organización de lobby creada en octubre de 1976 para enfrentar “la campaña antiargentina”, según sus propios fundadores.
Su salto a la política se dio a mediados de 2001, junto al de Mauricio Macri y Francisco De Narváez. Por entonces socios en la nueva aventura y amigos-competidores desde siempre, Macri y De Narváez dieron con Ferrari a través de Gerardo Bongiovanni, el presidente de la Fundación Libertad de Rosario, una ONG caseteada por la embajada yanqui y parte de la red de think tanks más conservadores de occidente.
Lo citaron en el vip del Museo Renault para hablar sobre el sistema judicial, y hubo un flechazo total entre De Narváez y Ferrari. Desde entonces y hasta el 2013, se convirtió en la mano derecha del Colorado.
Cuando la ambición narvaecista se desplomó, Ferrari amplió su agenda: se acercó al sciolismo (habría sido el jefe de la SIDE, en caso de triunfo presidencial de Daniel Scioli) y aceitó su relación con Daniel Angelici.
Ahora, de la mano del presidente de Boca, Ferrari fue designado en el gabinete de María Eugenia Vidal. Así, crece la influencia del Tano en el universo PRO, a pesar del rechazo de Elisa Carrió y de la resistencia interna del sector encabezado por el ministro de Justicia Nacional, Germán Garavano.
En el bando angelicista, el verdadero operador detrás del operador se llama Darío Richarte: un abogado de origen radical, integrante del elenco estable de influencers desde las bambalinas de la política.
A partir de 1983 Richarte armó la Franja Morada en la Facultad de Derecho de la UBA. Con perfil y protagonismo mucho más bajos, Daniel Angelici militó en la Juventud Radical por aquellos años. Unas tres décadas más tarde, los roles de estos radicales-macristas se invirtieron: Richarte actúa en las sombras para un Angelici muy visible y presidente de Boca.
Desde que Mauricio Macri llegó a la presidencia, ambos consolidaron una aceitada sociedad política: influyeron sobre la justicia, la ex SIDE (Richarte fue su número dos y director en la práctica) y ahora también sobre la alborotada AFA, donde entró como veedor el abogado richartista Sergio Brodsky.
Ex militante de Franja Morada, Sergio Brodsky fue ex subsecretario de la Facultad de Derecho de la UBA durante la gestión de Richarte como vicerrector de la Universidad. En 2001, mientras Richarte era el subjefe de la Secretaría de Inteligencia del gobierno de la Alianza, Brodsky fue Director de la llamada Oficina de Transparencia Sindical, dentro del ministerio de Trabajo, por entonces a cargo de Patricia Bullrich.
En la Agencia Federal de Inteligencia (ex SIDE), Richarte ubicó como director de Finanzas al contador Juan José Gallea, quien había ocupado ese mismo cargo en tiempos de la Alianza. Ahora, la larga mano del dúo llegó hasta el manejo del fútbol.
Desde la oposición al macrismo, uno de los principales militantes en contra del ascenso del dúo Angelici-Richarte es el legislador Gustavo Vera, delegado y vocero local del papa Francisco. Hiperactivo, el papa sigue con enorme interés la política argentina, y parece haber puesto a los operadores macristas en la lista de sus enemigos.
A partir de sus cuestionamientos velados y mensajes críticos, el papa se convirtió en un puching-ball para Elisa Carrió, Jaime Durán Barba y otros dirigentes PRO.
Así, si en algún momento Néstor Kirchner adivinó en Jorge Bergoglio al verdadero jefe de la oposición, desde el macrismo algunos empiezan a ver a Francisco con ojos conspirativos muy similares.