La entrevista que la ex presidenta le concedió a Roberto a Navarro fue una suerte de metáfora de ese híbrido que atraviesa su espacio: Cristina Kirchner aceptó el reportaje, pero optó por salir por teléfono y no mostrarse en el estudio. Sonrisas, enojos, gestos y look, instancias que ya vienen atadas al ajedrez de la política, quedaron por fuera del ojo de las cámaras. A diferencia de su reaparición previa en las puertas de Comodoro Py, Cristina estuvo, pero no completamente.
“Nadie debe esperar mesías ni salvadores, hay construcciones colectivas. Nadie puede convertirse en vanguardia de nada, si la sociedad no quiere. Es la sociedad la que debe empoderarse y hacer valer sus derechos", afirmó ante la consulta sobre su rol en el heterodoxo mundo de la oposición. Y se incomodó tras dos repreguntas al respecto, al punto de que intentó cerrar la charla con un “no more”, en ese spanglish que incorporó como marca comunicacional.
La postura de Cristina Kirchner no parece colmar las expectativas de sus dos tropas: la de los dirigentes más leales, diputados, sindicalistas e intendentes, pero también la del sector de la población que valora a Cristina y a lo que ella expresa, en medio de una evidente crisis de liderazgos capaces de reemplazarla.
En actitud de prescindencia o franca retirada sobre su protagonismo a futuro, y a la vez sin señalar continuadores claros, el cristinismo la contempla con desconcierto. La demanda de representación que todavía la elige no sabe bien hacia dónde mirar, mientras la dirigencia pierde iniciativa y potencia. Lejos del paraguas protector (y estatal) de CFK, las negociaciones en el PJ, en los sindicatos y hasta en los centros de estudiantes se volvieron mucho más hostiles. En el reportaje, Cristina afirmó que “faltan ideas” en la oposición.
Ese limbo en el que se encuentra el cristinismo es a la vez el estado ideal para el juego del PRO. Si le dieran a elegir sin condicionantes, si el macrismo fuera el dueño pleno del tablero, se quedaría con esta foto. La de un cristinismo grogui que no lidera, pero tampoco se integra plenamente a la retaguardia del peronismo (semi) opositor.