Legisladores estadounidenses enviaron un proyecto de ley al Congreso que teniendo a Uruguay como cabeza de playa busca desembarcar en la región con un nuevo TLC, que recuerda el intento del ALCA en 2005.
Legisladores de Estados Unidos propusieron a Uruguay como “país piloto” para sumarse al UMSCA (exNafta), el Tratado de Libre Comercio regional que mantienen con Cánada y México, en un gesto que podría dar impulso a la relación entre ambos países.
La iniciativa fue presentada por senadores y representantes, tanto republicanos como demócratas. De concretarse, la medida regiría desde 2026 e incluiría también una adhesión al sistema de preferencias comerciales para países del Caribe, así como la exención de visas para uruguayos.
El proyecto, titulado Ley de las Américas (AmericasAct), lleva las firmas de los representantes María Elvira Salazar (republicana, quien el año pasado amenazó a la Argentina por el asunto de los aviones chinos) y Adriano Espaillat (demócrata), así como la de los senadores Bill Cassidy (republicano) y Michael Bennet (demócrata). Además se sumó como copatrocinador el representante republicano Mike Gallagher, presidente del Comité Selecto de la Cámara de Representantes sobre el Partido Comunista Chino.
Esta norma propone “crear una asociación comercial permanente y en constante expansión entre los países del Hemisferio Occidental y contrarrestar el creciente control de China sobre la manufactura y la geopolítica globales”, destacó Salazar.
Today, @RepEspaillat, @SenBillCassidy, @SenatorBennet, and I dropped the Americas Act to:
— Rep. María Elvira Salazar (@RepMariaSalazar) March 6, 2024
– Create a partnership between the US and Latin America to facilitate trade
– Bring jobs back to the Western Hemisphere
– Stop the Chinese Communist Party from expanding in Latin America…
La legisladora resaltó que la iniciativa “une a las democracias de nuestro Hemisferio a través del comercio, la inversión y un compromiso compartido con la libre empresa” y sostuvo que “creará empleos, hará crecer la economía estadounidense y traerá prosperidad a América Latina y el Caribe”.
“Ya es hora de que liberemos todo el potencial económico de Estados Unidos y América Latina. La Ley de las Américas es la solución para hacer crecer nuestra economía y traer estabilidad al hemisferio”, manifestó la representante, mientras sostuvo que la medida “combatirá la influencia de China”.
Espaillat, en tanto, afirmó que “en esencia, la Ley de las Américas es una herramienta de creación de empleo multimillonaria para Estados Unidos y sus aliados en América Latina y el Caribe”.
“Con sus préstamos de relocalización y deslocalización cercana, beneficios fiscales y otras subvenciones específicas para trabajadores en casa y en nuestros países socios del hemisferio occidental, la Ley de las Américas devolverá empleos e inversiones a nuestro hemisferio y frenará las causas fundamentales de la migración al poner más dinero a los bolsillos de las familias trabajadoras”, apuntó.
We need to relevel the playing field between freedom-loving democracies and those who exploit the rules like China.
— U.S. Senator Bill Cassidy, M.D. (@SenBillCassidy) March 6, 2024
Estados Unidos, con la mira puesta en China
“Necesitamos volver a nivelar el campo de juego entre las democracias amantes de la libertad y aquellas que explotan las reglas, como China. Lo hacemos reenfocándonos en el Hemisferio Occidental para mejorar el comercio, traer la manufactura de regreso a nuestras costas y poner fin a la creciente influencia de China”, sostuvo a su turno Cassidy.
E insistió: “Nuestra Ley de las Américas hará que las economías de todo el hemisferio sean más resilientes, los gobiernos más estables y nuestro hemisferio más próspero”.
A su turno, Bennet sostuvo que “ninguna región tiene mayores vínculos con Estados Unidos que el Hemisferio Occidental”. “Sin embargo, en los últimos años no hemos logrado ofrecer a la región una alternativa económica convincente a la creciente influencia de China”, advirtió.
Y señaló: “Este proyecto de ley cambia eso. Crea una oportunidad para que Estados Unidos renueve nuestras asociaciones en América Latina y el Caribe, fortalezca el estado de derecho, profundice la prosperidad económica y adopte nuestros valores en una lucha compartida por la democracia”.
¿La revancha del No al ALCA de 2005?
Un 5 de noviembre de 2005 se producía un hito en la historia de la integración regional: la derrota diplomática del Tratado de Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), impulsada por los presidentes Néstor Kirchner (Argentina), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Hugo Chávez (Venezuela), Nicanor Duarte Frutos (Paraguay) y Tabaré Vázquez (Uruguay). Todos se negaron a implementar el proyecto propuesto por el gobierno de los Estados Unidos que proponía la creación de un mercado para la libre competencia, desde Alaska a Tierra del Fuego, con la eliminación de barreras arancelarias y la liberalización de servicios. Liderado por el presidente de Estados Unidos George W. Bush, significaba la libre competencia entre los principales monopolios y fuerzas económicas dominantes en el mercado.
Se trató de un momento histórico para la soberanía de Latinoamérica ya que, en el marco de la IV Cumbre de las Américas, por primera vez los principales líderes políticos de la región lograron imponerse a la consolidación del poder económico de las grandes transnacionales y de las élites dominantes.
El renacimiento de la Patria Grande
Néstor Kirchner, Luiz Inácio Lula da Silva y Hugo Chávez fueron los grandes conductores del rechazo al ALCA, entendiendo que la consolidación de ese acuerdo implicaba una amenaza para la capacidad de los Estados Latinoamericanos de poner en práctica políticas que reactiven la economía local, promuevan el desarrollo económico y la integración social. Además de haber identificado la necesidad de la integración regional, desde sus políticas públicas se veía en ellos una búsqueda del fortalecimiento de los mecanismos de participación popular, las industrias nacionales, la puesta en valor de la cultura local y una visión crítica del neoliberalismo, del cual buscaban apartarse. Defendían un modelo basado en la integración regional entre iguales, y en defensa de la autonomía política, económica y cultural de los pueblos.
Fuente: con información de Ámbito y la Secretaria de Cultura de la Nación