“Acogemos con satisfacción la noticia, anunciada el 24 de septiembre, de un nuevo acuerdo general de cooperación entre las Malvinas y Argentina”.
El reciente reporte de la petrolera británica Rockhopper Exploration plc, que detalla los avances en la explotación de recursos petroleros en las Islas Malvinas, pone en evidencia cómo las políticas del gobierno de Javier Milei y la canciller Diana Mondino son funcionales a los intereses coloniales británicos y facilitan el saqueo de los recursos naturales argentinos.
Rockhopper, que en 2010 adquirió ilegalmente licencias de exploración en la Cuenca del Norte de las Malvinas, anunció que comenzará a explotar el yacimiento de petróleo Sea Lion en 2025, en sociedad con la israelí Navitas, con una inversión cercana a los 1.000 millones de dólares. Se espera que extraigan 312 millones de barriles de petróleo en una primera fase, con una proyección de ingresos brutos de 4.000 millones de dólares en un plazo de ocho años.
Este enorme saqueo de recursos, en violación de la soberanía argentina, es posible gracias al restablecimiento de compromisos diplomáticos entre la administración de Milei y el Reino Unido, revalidando el Acuerdo Foradori-Duncan, firmado durante el gobierno de Mauricio Macri. El director ejecutivo de Rockhopper, Samuel Moody, celebró públicamente el reciente encuentro entre la canciller Mondino y el ministro de Relaciones Exteriores británico, David Lammy, en el que se avanzó en la cooperación con el gobierno de ocupación de las Malvinas. Este acuerdo, que consolida la posición británica sobre las islas y sus recursos, va en contra de los intereses de la Argentina y permite a las empresas extranjeras lucrar con recursos que pertenecen legítimamente al pueblo argentino.
La participación de Navitas Petroleum en este proyecto, una empresa israelí que opera en asociación con Rockhopper, refuerza el control extranjero sobre el yacimiento Sea Lion, uno de los más grandes del Atlántico Sur. En total, se estima que el yacimiento contiene 791 millones de barriles de petróleo, superando las proyecciones iniciales de 580 millones, lo que profundiza aún más la pérdida de soberanía argentina sobre los recursos naturales.
El gobierno de Milei, lejos de defender los intereses nacionales, facilita esta explotación colonial y el saqueo de las riquezas argentinas en Malvinas, y ninguna compensación para el país. Esta política colaboracionista no solo favorece a las empresas británicas e israelíes, sino que también legitima el control colonial británico sobre el archipiélago y sus recursos, en detrimento de la soberanía argentina.