Delirio total: Patricia Bullrich quiere amurallar las calles para “mejorar la seguridad”

Patricia Bullrich, ha puesto sus ojos en una “solución” que parece sacada de un manual distópico o de la edad media: convertir barrios en fortalezas mediante muros y rejas que cierren calles por las noches.

Mientras la inseguridad aumenta al calor de la crisis económica y sigue golpeando a las principales ciudades del país, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, ha puesto sus ojos en una “solución” que parece sacada de un manual distópico: convertir barrios en fortalezas mediante muros y rejas que cierren calles por las noches. La iniciativa, impulsada en la ciudad cordobesa de Villa Allende, propone bloquear la circulación nocturna con barreras físicas en nombre de la seguridad, un concepto que recuerda más a la fragmentación de zonas de conflicto o guetos que a una política pública moderna.

Ayer, Bullrich se reunió con el intendente de Villa Allende, Pablo Cornet, para discutir este extravagante plan, que busca restringir el acceso a determinadas calles, dejando solo a los residentes con el derecho de moverse libremente. También estuvo presente Santiago Caputo, asesor presidencial, quien tomó nota del proyecto, como si estuvieran descubriendo una estrategia de vanguardia en vez de una idea más propia de la Edad Media que del siglo XXI.

¿Controles policiales o ciudades sitiadas?

Según se explicó en la reunión, el plan consiste en instalar rejas y muros en calles residenciales, bloqueando el tránsito de vehículos “extraños” por las noches, con la esperanza de que esto reduzca el delito. La apertura y cierre de estos accesos quedaría en manos del municipio, financiado con un nuevo impuesto para los vecinos, quienes tendrían que adecuarse a rutas predeterminadas y controles para llegar a las arterias principales.

Los muros de concreto son utilizados por fuerzas militares en países en estado de guerra permanente como en Medio Oriente, una postal que pronto podría hacerse realidad en Argentina de la mano de Patricia Bullrich.

El proyecto, que será sometido a una suerte de consulta popular, podría fracasar si el 40% de los habitantes se opone. Aun así, la propuesta revela una visión preocupante de la seguridad: en vez de abordar el problema con mejores políticas de prevención, inversión en fuerzas de seguridad y justicia eficiente, Bullrich y sus aliados parecen apostar por dividir las ciudades en sectores amurallados, como si el país estuviera en estado de guerra o conmoción interna.

Más que una solución, este tipo de medidas generan un peligroso precedente: la normalización de la fragmentación urbana y la privatización del espacio público en nombre de la seguridad. La pregunta es inevitable: ¿cuál será el próximo paso? ¿Checkpoints militares en los barrios? ¿Ciudades con toque de queda? ¿O se trata de un nuevo negocio encubierto para empresarios amigos?.

En un contexto donde la inseguridad requiere respuestas serias y efectivas, la idea de levantar muros solo refuerza la desigualdad y el miedo, sin resolver las causas de fondo. Pero para el Gobierno, al parecer, la seguridad no pasa por construir un país más justo, sino por encerrarnos detrás de rejas.

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