El Gobierno vuelve a ajustar para frenar la corrida y patea la bomba de deuda en pesos hacia adelante

Ante la presión cambiaria y la desconfianza del mercado, el equipo económico que encabeza Luis Caputo sube las tasas y coloca deuda de corto plazo para contener la escalada del dólar. La estrategia compromete aún más las cuentas públicas y amenaza con una nueva ola de ajuste.

En medio de una corrida que se intensifica y un clima de creciente desconfianza financiera, el Gobierno nacional volvió a apostar por la emisión de deuda en pesos como herramienta para frenar la presión sobre el dólar, esta vez a costa de tasas más elevadas y vencimientos cada vez más cortos. El nuevo paquete de títulos lanzado por el Tesoro busca aspirar la liquidez excedente que quedó en el sistema tras el canje de las LEFI, pero multiplica los riesgos hacia adelante.

“La estrategia es clara: subir las tasas, seducir a los bancos, postergar la corrida”, resumió un analista del mercado. El plan se parece peligrosamente al esquema de las Lebac del macrismo, con vencimientos en cadena, intereses crecientes y una bomba que nadie sabe cómo se va a desactivar.

La decisión se produce apenas días después de que el dólar informal alcanzara los $1.340, consolidando una brecha respecto al tipo de cambio oficial que expone el deterioro del nuevo régimen cambiario. La flotación administrada entre bandas quedó, por ahora, como una promesa incumplida.

Con reservas en niveles críticos pese al reciente desembolso del FMI, y sin capacidad de revertir la tendencia por la vía comercial, el Gobierno recurre a la tasa como última herramienta de contención. Pero lo hace con instrumentos que elevan el déficit financiero y anticipan una profundización del ajuste para sostener el relato del orden fiscal.

“El Tesoro asume ahora la deuda que antes estaba en manos del BCRA. Eso es déficit puro”, explicó Alejandro López Mieres, investigador del Ipypp. Y advirtió: “Vamos a tener vencimientos todos los meses. Si no te renuevan, te estalla el dólar”.

La táctica oficial busca ganar tiempo hasta las elecciones legislativas de octubre, donde el Gobierno se juega buena parte de su ya desgastado capital político. Mientras tanto, el relato libertario sostiene el supuesto éxito inflacionario, aunque junio haya sido también el mes en que el Ejecutivo perdió el superávit por los gastos estacionales.

Pero la motosierra ya no corta con la eficacia de antes. Luego de despidos masivos, cierres de organismos, y el deterioro de áreas críticas como salud, discapacidad y educación, el margen de ajuste real es cada vez más estrecho. Sin inversión ni recuperación del consumo, la economía social sangra y la presión política se acumula.

La emisión de estos nuevos bonos con tasa libre —negociada con los propios bancos— no es solo una operación técnica: es el síntoma de un modelo que quedó sin anclas ni margen de maniobra. El dólar sube, la deuda también, y el Estado sigue adelgazando. El horizonte no es de estabilidad, sino de supervivencia.

Caputo y Milei insisten en que están “enderezando el barco”. Pero desde afuera, cada vez son más los que advierten que el barco ya está haciendo agua.

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