El jefe del Gabinete de Asesores abandonó su cargo tras sus polémicas declaraciones. Continúa al frente de Nucleoeléctrica, mientras crecen las versiones de reacomodamientos internos en la mesa chica del gobierno.
Demian Reidel presentó su renuncia como jefe del Gabinete de Asesores de la Presidencia, una salida que se da en medio de un clima de tensión interna en el oficialismo. El funcionario había sido protagonista meses atrás por su frase incendiaria ante empresarios extranjeros: “El problema de Argentina es que está poblada por argentinos”.
El Ejecutivo oficializó su salida este lunes a través del decreto 481/2025, aunque la dimisión tiene vigencia desde el 17 de julio. No se dieron explicaciones públicas ni se nombró aún a su reemplazo. Reidel, sin embargo, seguirá al frente de la empresa estatal Nucleoeléctrica Argentina (NASA), clave en el desarrollo del plan nuclear nacional.
A través de sus redes sociales, el economista intentó mostrar un perfil técnico y comprometido: anunció que se abocará de lleno a la ejecución del “Plan Nuclear Argentino”, que incluye un reactor modular y una nueva empresa, YPF Nuclear. También insistió en que su “compromiso con el gobierno es total”, pese al cambio de funciones.
El perfil de Reidel, formado en Harvard y con pasado en JP Morgan, venía siendo promocionado por Javier Milei como uno de sus cerebros económicos. Pero sus declaraciones altisonantes, sumadas al desgaste interno, aceleraron su salida. Su frase despectiva sobre los argentinos generó fuerte rechazo en sectores sociales y sindicales, que lo acusaron de “despreciar al pueblo que gobierna”.
El alejamiento se produce poco después de que Santiago Caputo fuera corrido de los centros de decisión. En ese contexto, crecen los rumores de que Karina Milei, secretaria General de la Presidencia, estaría consolidando su poder en la cúpula libertaria y promoviendo un rediseño del círculo presidencial.
La renuncia de Reidel se suma a la ya larga lista de bajas y recambios en menos de ocho meses de gestión. El gabinete de Milei, cada vez más reducido y volátil, enfrenta así nuevas señales de inestabilidad política mientras intenta sostener su discurso de “refundación” del Estado.