Tras la renuncia de Werthein, Milei baraja una lista heterogénea de reemplazos para la Cancillería

Tras la dimisión del titular de la cartera de exteriores, crecen las tensiones internas y disputas de poder dentro del Gabinete. Su salida refleja el creciente peso del asesor presidencial Santiago Caputo, enfrentado a los diplomáticos tradicionales.

El canciller Gerardo Werthein presentó su renuncia al presidente Javier Milei, confirmando lo que desde hace días era un secreto a voces en la Casa Rosada. El diplomático, hombre del establishment financiero y exembajador en Washington, decidió dar un paso al costado luego de una serie de tropiezos diplomáticos y de choques con el núcleo más duro del oficialismo.

La gota que rebalsó el vaso fue el confuso episodio durante la reunión entre Milei y Donald Trump, en la que el mandatario estadounidense pareció desconocer la naturaleza de las elecciones argentinas, un desliz que expuso la falta de coordinación del Palacio San Martín. Desde entonces, el entorno del Presidente —y en particular el sector ligado a Santiago Caputo— comenzó a marcarle la cancha al canciller.

Werthein no ocultaba su incomodidad con la posible incorporación de Caputo al Gabinete, a quien consideraba una amenaza directa a la autonomía de la Cancillería. El “Gordo Dan”, operador de las milicias digitales libertarias, lo había acusado días atrás de “traicionar la línea del Presidente”, acelerando su desgaste político.

Con su salida, Milei pierde al último diplomático de carrera con vínculos sólidos en Washington, y se abre una nueva interna por la sucesión. Entre los posibles reemplazantes suenan nombres dispares: el jefe de Gabinete Guillermo Francos, el empresario Alec Oxenford, el secretario de Culto Nahuel Sotelo, e incluso viejos conocidos del macrismo como Jorge Faurie o Federico Pinedo.

Werthein había asumido hace menos de un año, tras el desplazamiento de Diana Mondino, quien cayó en desgracia luego del voto argentino en la ONU contra el bloqueo a Cuba. Su salida marca otro capítulo de inestabilidad en un gobierno que acumula renuncias y fracturas en su frente interno.

El Palacio San Martín, símbolo de la diplomacia profesional argentina, vuelve a quedar vacante y bajo amenaza de ser absorbido por el poder informal que hoy rodea al Presidente.

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