Tras conocerse la victoria electoral de La Libertad Avanza, destacadas figuras políticas y financieras de Estados Unidos reaccionaron rápidamente adjudicándose parte del resultado.
Entre ellos, el ex presidente Donald Trump y el influyente financista republicano Scott Bessent, cercano al establishment económico de Washington, felicitaron públicamente a Javier Milei y remarcaron el alineamiento del nuevo gobierno argentino con la agenda geopolítica de Estados Unidos en la región.
Los mensajes llegaron en un contexto en el que Estados Unidos tuvo un rol clave durante los últimos meses en el sostenimiento financiero del gobierno argentino, a través de una intervención directa del Departamento del Tesoro y del Fondo Monetario Internacional, con el objetivo de evitar un colapso económico previo a las elecciones. Esta asistencia fue interpretada en círculos económicos estadounidenses como una apuesta política que finalmente dio resultados.

Trump celebró lo que consideró “el surgimiento de un aliado estratégico en América Latina”, mientras que Bessent—uno de los cerebros económicos del trumpismo—señaló que la victoria de Milei “abre la puerta para profundizar reformas estructurales alineadas con los intereses occidentales”. Ambos subrayaron el apoyo financiero indirecto que recibió Argentina desde Washington durante la campaña, un dato que en Estados Unidos es visto como una jugada geopolítica exitosa frente a la influencia china y rusa en la región.
Las felicitaciones no fueron simples gestos diplomáticos: funcionaron como un mensaje político hacia América Latina. Desde la capital estadounidense dejan entrever que el resultado electoral argentino confirma la eficacia de su intervencionismo económico como herramienta de poder y, al mismo tiempo, reafirma la expectativa de un alineamiento pleno del nuevo gobierno con la política exterior norteamericana.