En plena temporada alta, Flybondi canceló 125 vuelos en apenas cinco días, afectando a más de 22.000 pasajeros y dejando en evidencia que el discurso de que “lo privado funciona” no se traduce en servicio ni previsibilidad para la gente.
Flybondi, la aerolínea low cost que se promociona como la gran apuesta privada al transporte aéreo, volvió a estar en el centro de la polémica: entre el jueves y este lunes canceló 125 vuelos programados, lo que representa casi una cuarta parte de sus servicios previstos en ese período, y afectó a un número enorme de pasajeros justamente cuando comenzaban las vacaciones.
Con una capacidad promedio de unos 180 asientos por avión, más de 22.000 turistas y viajeros quedaron sin ruta definida, muchos de ellos con tickets en mano, planes armados y expectativas arruinadas por cancelaciones que se repiten en el tiempo. Las compañías bajo este modelo suelen adjudicar las interrupciones a “cuestiones operativas y de disponibilidad de flota”, una explicación que no alcanza para explicar por qué el servicio falla de manera tan reiterada.
Este nuevo episodio no es aislado en la historia de Flybondi: ya en diciembre pasado la compañía había protagonizado otra tanda masiva de cancelaciones, suspendiendo decenas de vuelos durante la previa de las fiestas y complicando a miles de personas.
La empresa intenta justificar su operación en base a cifras positivas —como el número de vuelos operados o la cantidad total de pasajeros transportados desde su creación— y a planes de expansión con la incorporación de nuevos aviones, pero los números de cancelaciones y demoras constantes ponen en duda ese argumento.
Mientras tanto, los usuarios afectados se enfrentan a reprogramaciones, reembolsos incompletos o la incertidumbre de no saber si podrán llegar a sus destinos, situación que desnuda el mito de que el sector privado, por ser competitivo, ofrece mejores servicios. La realidad muestra que las promesas de eficiencia y ahorro muchas veces se traducen en caos operativo y falta de respuestas claras para quienes pagan por un servicio que no se cumple.
El escándalo de estas cancelaciones masivas abre la discusión sobre la responsabilidad real de las low cost y si realmente sirven a la población que las elige, o si, detrás del marketing de tarifas bajas, hay un modelo que sacrifica calidad y certeza en pos de ganancias y expansión sin control.