Bajo el discurso de la “libertad de mercado”, la apertura importadora avanzó sin red de contención para la industria local, dejando como saldo fábricas cerradas, líneas de producción vaciadas y miles de trabajadores fuera del sistema formal.
Desde la asunción de Javier Milei, el mapa industrial argentino comenzó a achicarse a un ritmo alarmante. En nombre de la “libertad de mercado” y la apertura comercial, el Gobierno avanzó con una política de desregulación y reducción de controles que, lejos de fortalecer la producción nacional, terminó acelerando cierres de plantas, despidos masivos y un proceso silencioso pero constante de sustitución de producción local por importaciones. Los números son contundentes: en poco más de dos años se perdieron cerca de 22.000 empresas y más de 290.000 puestos de trabajo registrados.
Cierres de plantas y despidos concretos
La ola de cierres afecta a distintos sectores y regiones:
- La histórica empresa de neumáticos Fate cerró su planta en San Fernando, provincia de Buenos Aires, dejando sin empleo a 920 trabajadores. La empresa atribuyó la decisión a “cambios en las condiciones de mercado”, sobre todo la apertura de importaciones y la caída de la competitividad interna frente a productos extranjeros más baratos.
- En la segunda quincena de noviembre de 2025, al menos cinco plantas industriales cerraron sus puertas y despidieron a más de 400 empleados en sectores como metalurgia, electrodomésticos, textil y autopartes, con provincias como Buenos Aires, La Rioja y San Luis entre las más afectadas.
- En ese contexto, Whirlpool cerró su planta en Pilar y desvinculó a 220 trabajadores.
- Luxo y Vulcalar detuvieron producción y despidieron empleados en La Rioja y Sanagasta.
- En San Luis, la autopartista Dana cerró su planta, afectando a unos 50 trabajadores.
- En la industria láctea, La Suipachense clausuró su planta en Suipacha (Buenos Aires), con 143 despidos, mientras que Otito cerró en Jujuy y dejó sin trabajo a otras 40 personas.
- El sector textil también fue duramente golpeado: TN & Platex discontinuó líneas de producción en Corrientes y La Rioja y desvinculó a 88 empleados, y otras firmas como Textilana (Mauro Sergio) suspendieron o redujeron dotaciones.
Organizaciones laborales y especialistas señalan estos casos como parte de un fenómeno más profundo de desindustrialización y pérdida de empleo manufacturero, producto de la fuerte presión competitiva de importaciones, que obliga a muchas firmas a replantear sus operaciones.

Reestructuraciones y el giro hacia la importación
No todos los casos implican cierres definitivos: varias empresas decidieron dejar de producir en el país para importar productos terminados, una forma de reestructuración que agrava la pérdida de empleo local:
- Según un informe internacional, el emblemático fabricante de termos Lumilagro redujo su producción local y ahora importa gran parte de sus productos desde el extranjero, con la consecuente reducción de su planta industrial y la pérdida de puestos de trabajo.
- Casos de fabricantes nacionales de electrodomésticos —como una empresa de Cañuelas que produce heladeras y otros bienes para marcas globales— muestran que la producción se ha reducido drásticamente, con despidos continuos y una creciente incorporación de productos importados bajo su propia marca.
Este patrón se replica en otros rubros y consolida un modelo que privilegia la importación por sobre la producción local. Muchas firmas señalan que la competencia desleal de productos importados más baratos, especialmente desde China, hace inviable mantener líneas de producción locales y los obliga a reorientar su negocio hacia la importación y comercialización de bienes ya fabricados en el exterior.
Despidos en serie y empleo en alerta
Además de las pérdidas de empleos por cierres de plantas, los despidos se multiplican en distintos sectores:
- Un relevamiento privado señaló que diversas empresas anunciaron ajustes, suspensiones y desvinculaciones que ponen 2.300 empleos en riesgo al inicio de 2026.
- Encuestas sectoriales indican que al menos el 15% de las industrias planea nuevos despidos durante el primer trimestre del año, especialmente en los mercados textil, automotriz y pyme.
- El efecto acumulado se nota también en cifras macroeconómicas: desde fines de 2023 se perdieron cientos de miles de empleos registrados y se cerraron miles de empresas en distintos segmentos productivos.
Analistas y sindicatos advierten que la crisis responde a varios factores:
- Apertura de importaciones sin controles efectivos, que deja al productor local en desventaja frente a productos terminados más baratos.
- Caída sostenida de la demanda interna, con el consumo deprimido y una utilización baja de la capacidad productiva de la industria.
- Costos de producción altos, combinados con competitividad cambiaria desfavorable.

Tanto gremios como la Unión Industrial Argentina, confirman que estas políticas configuran un proceso de desindustrialización acelerada, con impacto directo en la estructura laboral y productiva del país.
Lejos de tratarse de hechos aislados, los cierres y reestructuraciones respondieron a una matriz económica que prioriza la apertura importadora sin una política de protección o transición para el entramado productivo local. Mientras el Gobierno defiende la baja de aranceles y la eliminación de regulaciones como parte de su programa liberal, miles de trabajadores quedaron sin empleo y cientos de pymes no lograron sobrevivir a la competencia externa en un mercado interno deprimido.
El resultado se traduce en un proceso que distintos analistas ya describen como desindustrialización acelerada. No solo se perdieron puestos de trabajo: también se desmantelaron capacidades productivas, cadenas de valor y conocimientos acumulados durante décadas. La pregunta que comenzó a instalarse en el sector empresario y sindical fue si el país puede sostener crecimiento y desarrollo reemplazando producción nacional por contenedores importados. Hasta acá, la respuesta apunta a contradecir al gobierno.