La Unidad de Información Financiera adoptó una medida que vuelve a poner bajo la lupa el uso de organismos clave del Estado en favor de intereses cercanos al poder: restringió el acceso público a sanciones firmes por lavado de dinero con más de cinco años de antigüedad, tras un pedido del Banco Hipotecario, presidido por Eduardo Elsztain.
La decisión implicó que estas resoluciones dejaran de aparecer en el buscador principal del organismo. Aunque no fueron eliminadas del sitio oficial, quedaron relegadas a un apartado secundario sin acceso directo a su contenido. En la práctica, cualquier interesado en consultarlas ahora debe iniciar un trámite formal, lo que reduce significativamente la visibilidad de antecedentes sensibles para el sistema financiero.
El cambio tuvo un impacto inmediato: entre las sanciones que perdieron exposición pública se encuentra una multa firme aplicada al propio Banco Hipotecario en 2019. El planteo de la entidad apuntaba precisamente a evitar el daño reputacional que genera la fácil localización de estas resoluciones en Internet, especialmente frente a inversores y actores internacionales.
Desde el Ministerio de Justicia, conducido por Juan Bautista Mahiques, justificaron la medida como una forma de prevenir reclamos vinculados al “derecho al olvido”. Sin embargo, el argumento formal convive con un efecto concreto: la reducción del escrutinio público sobre sanciones por delitos financieros, un aspecto clave en la prevención del lavado de dinero.
La decisión no modifica el valor legal de las sanciones, pero sí debilita su dimensión más visible: el castigo reputacional. En contextos como el argentino —donde las multas suelen ser bajas y las condenas penales escasas— la publicidad de estas medidas funciona como un mecanismo central de control. Limitar su acceso implica, en los hechos, aliviar la presión sobre entidades con antecedentes.
El movimiento se da además en un contexto político particular. La UIF depende de la órbita del gobierno de Javier Milei, cuya administración ha mostrado señales de cercanía con Elsztain. Durante la campaña de 2023, el entonces candidato se alojó en un hotel del empresario y compartió actividades personales, lo que alimenta interrogantes sobre posibles vínculos de influencia.
La resolución fue impulsada por el vicepresidente del organismo, Santiago González Rodríguez, sin objeciones visibles dentro del Ejecutivo. En paralelo, la conducción de la UIF ha atravesado una marcada inestabilidad, mientras la Argentina continúa bajo evaluación del Grupo de Acción Financiera Internacional, que mide no solo las normas sino su aplicación efectiva.
Lejos de tratarse de un ajuste técnico, la medida deja al descubierto un patrón preocupante: decisiones estatales que, bajo argumentos legales, terminan beneficiando a actores con capacidad de influencia, reduciendo la transparencia y debilitando herramientas clave para el control ciudadano sobre el sistema financiero.