Por presión de Estados Unidos el Gobierno canceló definitivamente Atucha III

La decisión fue justificada por la falta de recursos, pero se produce en medio del fuerte alineamiento de la Casa Rosada con Washington y de la presión estadounidense para desplazar a Beijing de sectores tecnológicos estratégicos. En paralelo, Nucleoeléctrica habilitó una licitación para instalar un reactor financiado íntegramente por capital privado en parte del terreno reservado para la central.

El Gobierno de Javier Milei canceló definitivamente el proyecto de Atucha III, una iniciativa que había sido impulsada durante la gestión anterior y que contemplaba una importante participación china tanto en el financiamiento como en la tecnología. La decisión fue formalizada durante una asamblea de accionistas de Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA) realizada el 23 de septiembre.

La explicación formal fue la falta de asignación de recursos económicos y la “imposibilidad material de cumplimiento”, en el marco de la emergencia pública establecida por la Ley 27.742. Sin embargo, detrás de la decisión aparece un cambio geopolítico de fondo: el desplazamiento de China de un área estratégica para el desarrollo tecnológico argentino, en línea con el alineamiento cada vez más estrecho del Gobierno con Estados Unidos.

Atucha III ya había sufrido un primer freno durante el macrismo. Ahora, la administración libertaria decidió avanzar directamente con su cancelación, dejando sin efecto tanto el proyecto Candu —un diseño que hubiera permitido una fuerte participación de la industria y la tecnología nuclear argentina— como la alternativa Hualong One, de origen chino.

La decisión adquiere especial relevancia porque el sector nuclear constituye una de las áreas estratégicas en las que Argentina logró desarrollar capacidades propias durante décadas. La disputa por Atucha III, por lo tanto, no se limita a la construcción de una central eléctrica: involucra financiamiento, transferencia tecnológica, participación industrial y el control de conocimientos considerados estratégicos.

Del proyecto sino-argentino a un reactor financiado por privados

En la misma asamblea, los accionistas habilitaron a Nucleoeléctrica a avanzar con una licitación pública para instalar un reactor sobre unas 12 hectáreas del predio originalmente reservado para Atucha III.

La iniciativa contempla una inversión estimada en US$1.203 millones, sin fondos ni avales públicos. El esquema prevé otorgar un derecho real de superficie sobre parte del terreno y contempla la posibilidad de que Nucleoeléctrica quede a cargo de la operación y el mantenimiento de la futura planta.

Las características y el monto de la inversión coinciden con el proyecto del reactor modular ACR-300 de Meitner Energy, presentado por el ministro de Economía, Luis Caputo, como una iniciativa vinculada al denominado “Super RIGI”. De todos modos, la autorización aprobada por Nucleoeléctrica no implica todavía que el proyecto haya sido adjudicado.

Meitner Energy fue creada en 2024. El 60% de su propiedad corresponde al empresario estadounidense de origen iraní Hamid Ansari, mientras que el 40% restante pertenece a Black River Technology, una firma estadounidense controlada por la estatal rionegrina INVAP, que aporta el desarrollo tecnológico.

El cambio de esquema es significativo: el proyecto que tenía detrás financiamiento y tecnología china queda cancelado y, sobre el mismo terreno, comienza a tomar forma una alternativa que apunta al capital privado.

Un giro estratégico para el plan nuclear argentino

La decisión generó cuestionamientos entre especialistas y exfuncionarios del sector. El exsubsecretario de Energía Eléctrica Federico Basualdo criticó la cancelación y sostuvo que el acuerdo negociado durante el gobierno anterior podía ampliar la generación nuclear y, al mismo tiempo, fortalecer las capacidades científicas y tecnológicas argentinas.

También cuestionó que la baja de los proyectos se haya producido simultáneamente con la habilitación de un nuevo destino para parte del predio originalmente reservado para Atucha III.

En la misma línea, el especialista Nicolás Malinovsky consideró que la medida profundiza el acercamiento argentino a Estados Unidos y la definió como un “punto de inflexión” para el sector.

El trasfondo excede, así, la falta de recursos invocada oficialmente. Estados Unidos viene buscando desde hace décadas limitar la presencia de China en sectores tecnológicos estratégicos de América Latina, y el Gobierno de Milei adoptó una política exterior de alineamiento explícito con Washington.

La cancelación de Atucha III se inscribe en ese giro. Argentina abandona un proyecto asociado a China y abre la puerta a un modelo basado en aun una incierta inversión privada, mientras redefine quiénes tendrán participación en el desarrollo de una industria nuclear que durante décadas fue considerada estratégica y en la que el país construyó capacidades propias.

Por ahora, la nueva licitación no constituye una adjudicación definitiva. Pero el cambio de rumbo ya está formalizado: Atucha III, tal como había sido proyectada con participación china, quedó definitivamente descartada.

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