La crisis económica profundiza su impacto sobre el sector productivo: la mora empresarial aumentó un 53% interanual y casi 2.000 compañías ingresaron en incumplimiento durante septiembre. Entre las familias, más de 6,3 millones de personas registran dificultades crediticias y los casos de deuda irrecuperable más que se duplicaron desde enero de 2025.
La crisis económica comienza a mostrar una de sus caras más preocupantes: el endeudamiento ya no golpea solamente a los hogares, sino que también pone contra las cuerdas a miles de empresas. En septiembre, otras 1.937 firmas cayeron en mora y el universo de compañías con atrasos en el sistema bancario llegó a 58.982, con un salto del 53% en apenas doce meses, según un informe de Fidelitas.
Los números exponen el deterioro de la capacidad de pago del sector empresario en una economía atravesada por la debilidad del consumo, la caída de la actividad en ramas clave y el encarecimiento del financiamiento. Con tasas elevadas y ventas que no alcanzan para recomponer los ingresos, cada vez más compañías enfrentan dificultades para cumplir sus obligaciones, sostener sus operaciones y financiar inversiones. La alarma crece ante el riesgo de que esta situación termine profundizando la paralización productiva y la pérdida de puestos de trabajo.
La situación de las familias tampoco ofrece señales tranquilizadoras. Aunque la cantidad de personas físicas con algún grado de mora bajó un 1,1% en septiembre, hasta los 6,3 millones de CUITs, la mejora se concentró en los atrasos más recientes. En contraste, los casos más graves continúan escalando: 3,7 millones de CUITs ya se encuentran en situación crediticia 5, considerada irrecuperable, frente a los 1,8 millones de enero de 2025. En ese período, la cifra más que se duplicó.
El deterioro también aparece en el crédito a los hogares. Según un relevamiento de EcoGo y la Universidad Austral correspondiente a agosto de 2026, la morosidad alcanzó el 18,4% del monto total de los préstamos a familias. Se trata de un aumento de 9,8 puntos porcentuales interanuales y de 22 meses consecutivos de subas, una señal contundente de las dificultades crecientes para llegar a fin de mes y cumplir con las deudas.
La situación es todavía más delicada en el financiamiento no bancario, donde la irregularidad alcanzó el 31,7% del crédito, prácticamente el doble del 16,1% registrado en el sistema financiero tradicional. En provincias como Misiones, la mora de los proveedores no financieros llegó al 39,6%, mientras que en San Luis trepó al 37,3%. El encarecimiento del crédito y la acumulación de obligaciones impagas profundizan así la vulnerabilidad de los sectores que recurren a estas alternativas de financiamiento.
El mapa provincial también refleja fuertes desigualdades. La Rioja encabeza los niveles de morosidad familiar por monto, con el 26,2%, seguida por Santa Cruz y San Luis, ambas con el 24,2%. En el extremo opuesto aparecen La Pampa, con el 9,6%, y la Ciudad de Buenos Aires, con el 12,5%.
La combinación de empresas endeudadas, familias con dificultades para pagar y crédito cada vez más caro enciende una señal de alarma sobre la profundidad de la recesión. El Sistema de Evaluación de Riesgo Fidelitas se ubicó en 37,7 puntos y permaneció en la categoría de riesgo elevado. Aunque algunos indicadores muestran mejoras parciales, el deterioro crediticio y la debilidad de la actividad siguen condicionando cualquier recuperación.
La brecha entre sectores económicos agrava el panorama. Mientras la minería sostiene un desempeño favorable, la construcción retrocedió un 4,4% interanual y la industria manufacturera cayó un 3,2%, de acuerdo con los datos incorporados al informe. El superávit comercial tampoco alcanza para compensar el deterioro de las actividades que dependen del mercado interno y generan empleo.
A esta fragilidad se suma el costo del financiamiento. Las tasas elevadas encarecen los préstamos, restringen el consumo y postergan las inversiones, mientras empresas y familias deben destinar una porción cada vez mayor de sus recursos a cubrir compromisos financieros. El resultado es un círculo de difícil salida: menos consumo, menor actividad, ingresos debilitados y más incumplimientos.
El escenario financiero también enfrenta desafíos hacia 2027, cuando los vencimientos de deuda soberana alcanzarían los 25.000 millones de dólares entre capital e intereses, según el informe. La evolución de las reservas y la capacidad de refinanciamiento serán variables centrales en una economía que todavía no logra consolidar una recuperación amplia.
Los datos dejan al descubierto una contradicción central del programa económico: la estabilidad de algunos indicadores financieros convive con una creciente asfixia crediticia de empresas y hogares. Detrás de las cifras de mora hay compañías con dificultades para sostenerse, familias cada vez más comprometidas con sus deudas y sectores productivos que siguen perdiendo dinamismo. La crisis ya no se mide únicamente en inflación o caída del consumo: también se refleja en la incapacidad creciente de pagar lo que se debe.