Recesión: la industria tuvo su peor desempeño desde la pandemia de 2020

El INDEC reveló que las fábricas utilizaron apenas el 58,5% de su capacidad instalada en agosto, el segundo registro más bajo para ese mes en la última década, solo por encima de 2020. La utilización de maquinaria acumula un retroceso de 8,8 puntos respecto de 2023, mientras el empleo industrial cayó 3,8% interanual y los salarios pierden participación frente a las ganancias empresarias.

La industria argentina sigue sin encontrar piso. Los últimos datos del INDEC exponen la profundidad de la recesión: en agosto, las fábricas trabajaron muy por debajo de su capacidad, con máquinas ociosas, producción debilitada y un deterioro creciente del empleo registrado. El indicador alcanzó el 58,5%, una caída de 1,1 puntos porcentuales respecto del mismo mes de 2025 y un nivel que solo encuentra un antecedente inferior en agosto de 2020, durante la etapa más dura de la pandemia.

El panorama resulta todavía más preocupante al observar la evolución de los últimos años. Entre enero y agosto de 2026, la utilización de la capacidad instalada promedió apenas el 57,8%, el mismo nivel de un 2025 que ya había mostrado un desempeño muy flojo. En comparación con 2023, cuando el promedio alcanzaba el 66,6%, el retroceso llega a 8,8 puntos porcentuales. La industria opera con una enorme porción de su estructura productiva sin utilizar, una señal del freno que atraviesa la economía real y que confirma la tendencia hacia un escenario recesivo.

La dimensión del deterioro queda clara al considerar que los niveles de utilización habitualmente asociados con decisiones de ampliación de la capacidad productiva se ubican entre el 70% y el 80%. Con las fábricas trabajando muy por debajo de ese rango, los incentivos para invertir y ampliar instalaciones se debilitan, mientras la recuperación de la producción y la generación de nuevos puestos de trabajo encuentran mayores obstáculos.

Menos producción, menos empleo y más precarización

La caída de la actividad tiene su correlato directo en el mercado laboral. Según los datos del INDEC correspondientes al segundo trimestre de 2026, los puestos de trabajo de la industria retrocedieron 3,8% interanual, una contracción que refleja las dificultades del sector para sostener su nivel de actividad y su demanda de trabajadores.

El deterioro también se observa en el conjunto de la economía. Los puestos asalariados disminuyeron un 0,8% interanual, mientras que los asalariados registrados cayeron un 1,4%. En contraste, crecieron un 0,5% los asalariados no registrados y un 3,9% los trabajadores por cuenta propia, una dinámica compatible con el avance de formas laborales más precarias e inestables.

Otros sectores tampoco escaparon a las dificultades: el empleo cayó un 0,2% en el agro, un 1,1% en la minería y un 1,5% en la intermediación financiera. En cambio, transporte creció un 3,1% y hoteles y restaurantes, un 1,6%.

Los trabajadores pierden participación en el ingreso

A la debilidad de la producción y el empleo se suma otro dato que expone la distribución desigual de los ingresos generados por la economía. En el segundo trimestre de 2026, la participación de los trabajadores en el valor agregado cayó al 42,9%, su nivel más bajo para un segundo trimestre desde 2022. En paralelo, la participación de las ganancias empresarias trepó al 44,7%, con un incremento de 2,8 puntos porcentuales en un año.

Los números muestran una economía en la que la actividad industrial no logra recuperar dinamismo y los trabajadores registrados pierden terreno tanto en cantidad de puestos como en participación en el ingreso. La combinación de capacidad ociosa, retroceso del empleo formal y menor peso de los salarios configura un escenario adverso para el consumo y la recuperación del mercado interno.

El investigador de la CTA Autónoma Luis Campos sintetizó la gravedad del indicador al señalar que el 58,5% de agosto constituye el segundo valor más bajo de la última década para ese mes, apenas 0,1 punto por encima de agosto de 2020. Su advertencia fue contundente: “La industria no puede mantener estos niveles de capacidad ociosa por mucho tiempo”.

El dato del INDEC deja una señal difícil de ignorar: la industria continúa funcionando muy por debajo de su potencial, sin mostrar una mejora significativa frente al año anterior y con un retroceso pronunciado respecto de 2023. Mientras las máquinas permanecen ociosas y el empleo registrado se deteriora, la posibilidad de una recuperación sostenida sigue condicionada por la capacidad de reactivar la producción y la demanda interna.

La crisis industrial no se mide solamente en porcentajes. Detrás de cada fábrica que produce menos hay riesgos para los puestos de trabajo, los ingresos familiares, las pequeñas y medianas empresas y las economías regionales. Los indicadores oficiales describen una recesión que golpea al aparato productivo y deja abierta una pregunta central: cuánto tiempo podrá sostenerse este nivel de capacidad ociosa sin profundizar todavía más el daño sobre el empleo y la estructura industrial argentina.

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