“Llegó la hora de que te vayas”. Así arranca una carta del Departamento de Seguridad Nacional enviada en estos días a menores migrantes que entraron en EEUU no acompañados.
La administración de Donald Trump ha mostrado, una vez más, su insensible y despiadada postura hacia los migrantes, especialmente contra los menores no acompañados. En una reciente muestra de autoritarismo, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ha comenzado a enviar cartas a estos niños, exigiéndoles que “se vayan inmediatamente” del país. El tono de estas misivas es claro y aterrador: “Llegó la hora de que te vayas”. Con esta amenaza, el gobierno busca presionar a los menores para que abandonen los Estados Unidos, cancelando el permiso condicional humanitario que muchos de ellos habían recibido al llegar como menores no acompañados.
Activistas y defensores de los derechos humanos, como Julie Contreras de la organización United Giving Hope, alertan sobre el aumento de estos casos, señalando que cientos de menores que llegaron legalmente bajo condiciones humanitarias ahora están siendo despojados de sus protecciones y se enfrentan a un futuro incierto y lleno de miedo. Contreras afirma que estos menores no son criminales, sino víctimas de violaciones de derechos humanos. La amenaza de deportación no solo representa una acción administrativa, sino un profundo daño psicológico a niños que ya han sufrido suficientes traumas en sus países de origen.
El gobierno de Trump, lejos de garantizar la seguridad de estos menores, ha intensificado la persecución. Aunque las cartas no significan necesariamente que el ICE se presente en la puerta de los hogares, la constante amenaza ha creado un clima de terror. Y en muchos casos, como el de Xally Pastor, una niña de 13 años, los menores se ven obligados a luchar solos por su futuro legal, sin el respaldo de sus padres, quienes no pueden representarlos en las vistas de inmigración debido a su estatus.
El número de deportaciones de menores es alarmante. En abril, los tribunales de inmigración ordenaron la deportación de más de 8,300 niños de 11 años o menos. Desde que Trump asumió la presidencia, más de 53,000 niños han sido objeto de órdenes de deportación. Aunque muchos de estos menores tienen solicitudes de asilo pendientes, el gobierno ha decidido acelerar sus procesos de expulsión, sin tener en cuenta su vulnerabilidad.
Además de las cartas, la administración ha implementado una política aún más cruel: los adolescentes mayores de 14 años tienen ahora la opción de autodeportarse. A los menores se les ofrece la posibilidad de regresar rápidamente a sus países de origen, a pesar de las graves amenazas que enfrentan en muchos de ellos. Este cambio de política refleja un profundo desprecio por la seguridad y los derechos de los niños, priorizando la expulsión masiva por encima de su bienestar.
La situación es aún más grave cuando se considera que muchos de estos niños llegaron a Estados Unidos huyendo de contextos de violencia extrema en sus países de origen donde el propio Estados Unidos tiene su cuota de responsabilidad con el trafico incesante de armas, y se enfrentan ahora a una nueva pesadilla: ser obligados a regresar a esas mismas circunstancias sin ninguna protección.
Esta política es parte de la estrategia general de Trump para controlar la inmigración, que se ha intensificado en los últimos años. La administración ha mostrado un total desprecio por los derechos de los migrantes, y su actuar frente a los menores migrantes es una de las evidencias más claras de su crueldad. ¿Qué futuro les espera a estos niños? Uno de terror, huida y desamparo, sin garantías de seguridad ni apoyo legal.