La dueña de La Serenísima se encuentra en un difícil momento, afectada por márgenes de venta estrechos y un consumo masivo que no termina de repuntar.
Ni siquiera las empresas más grandes escapan a la recesión y el desplome del consumo en Argentina. Mastellone Hermanos, dueña de La Serenísima y principal láctea del país, cerró el primer semestre de 2025 con una pérdida neta de $869 millones, revirtiendo las ganancias extraordinarias de 2024.
La compañía atribuye el derrumbe de sus resultados a un consumo masivo que no repunta, menores ingresos por diferencias de cambio y un fuerte aumento en los costos financieros. “Nuestro mercado avanza más lentamente por el lento recupero del poder adquisitivo de la clase media y baja”, advirtió en su informe.
Aunque logró aumentar 4,5% sus ventas internas y 2,2% sus exportaciones, los márgenes siguen erosionados. El negocio externo, además, mostró rentabilidad “muy baja” durante gran parte del semestre, apenas recuperándose hacia el final del período.
Con 3,65 millones de litros procesados por día y una posición dominante en el sector, Mastellone no es ajena a los problemas que aquejan a toda la economía: caída del consumo, menor liquidez —el ratio pasó de 1,80 a 1,10 en un año— y un flujo de efectivo operativo que se desplomó de $92.897 millones a $24.704 millones.
El rebote de 2024, impulsado por la devaluación y el efecto cambiario, fue efímero. Este año, sin esos ingresos extraordinarios, el segundo trimestre borró las ganancias del primero y dejó el balance en rojo.
La compañía confía en que una eventual baja de la inflación y mayor estabilidad cambiaria reactiven el consumo, pero el desafío para Mastellone —y para gran parte de las grandes firmas argentinas— será sostener su competitividad en un escenario económico que sigue sin dar señales de una solida recuperación.