En medio de fuertes tensiones internas por los recortes a la discapacidad en el Presupuesto, la senadora utilizó una canción de la artista enfrentada con Javier Milei para enviar un mensaje a la Casa Rosada. La sobreactuación en redes vuelve a exponer las grietas y la falta de coordinación en el oficialismo.
La interna dentro del ecosistema libertario sumó un episodio tan insólito como revelador de las dinámicas superficiales que dominan la política oficial. Tras manifestar públicamente su enojo por modificaciones de último momento en el Presupuesto 2027 que afectan al sector de discapacidad sin consulta previa, la senadora Patricia Bullrich difundió un peculiar video en sus redes sociales utilizando de fondo el tema “No me importa” de Lali Espósito. La elección del tema no fue casual: eligió a la referente cultural sistemáticamente hostigada por el propio Presidente para escenificar su descontento.
El trasfondo del episodio expone el nivel de improvisación y desconexión con el que el Poder Ejecutivo elabora las leyes de mayor impacto social. Bullrich admitió en declaraciones radiales que se enteró de la derogación parcial de leyes clave para las prestaciones básicas en discapacidad cuando el proyecto ya había ingresado al Congreso, advirtiendo que este tipo de “errores no forzados” y la falta de diálogo terminan haciendo quedar a los propios legisladores oficialistas “como tontos o mentirosos” ante la sociedad.
Lejos de encauzar las discusiones de forma institucional, las disputas de poder dentro del bloque gobernante terminan resolviéndose a través de chicanas digitales, guiños en redes sociales y provocaciones infantiles. Mientras los sectores más vulnerables sufren el impacto directo del ajuste y la incertidumbre por la quita de prestaciones asistenciales, las principales figuras del armado libertario se dedican a enviarse mensajes encriptados mediante listas de reproducción y posteos virales.
Esta escenografía pone en evidencia las profundas grietas de un Gobierno que no solo impone políticas de desmantelamiento social, sino que es incapaz de articular consensos con sus propios aliados. La utilización de las redes como campo de batalla interno muestra a una dirigencia centrada en el espectáculo mediático y el fuego amigo, totalmente disociada de las urgencias concretas que atraviesa el país.