Karina Milei es considerada “el jefe” de La Libertad Avanza pero por estas horas no le salen las cosas muy bien. Está atravesando la peor semana desde que asumió el rol de operadora política de su hermano. El estallido de un escándalo por supuestas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad la dejó en el ojo de la tormenta, con audios que la vinculan directamente a un circuito de retornos millonarios en contratos de medicamentos. Se habla de 800 mil dólares por mes solo en ANDIS. La Justicia ya inició allanamientos y secuestros de documentación, mientras se multiplican las denuncias de abogados y referentes opositores que califican la trama como uno de los episodios de corrupción más graves desde el regreso de la democracia.
El costo político no tardó en aparecer. En Corrientes, donde viajó a reforzar la campaña libertaria, Karina Milei y Martín Menem fueron recibidos con abucheos, pancartas acusatorias y empujones que forzaron la suspensión de un acto. El fracaso electoral se coronó con la magra performance del candidato de La Libertad Avanza en la provincia, que quedó lejos de los primeros lugares, consolidando la imagen de un armado debilitado y sin inserción real en el interior. Salió cuarto y sacó un poco más de lo que se le atribuye por retornos a Karina: 9%.
En paralelo, el presidente Javier Milei salió a respaldar públicamente a su hermana, a quien definió como “el jefe en su prime”, en un intento de cerrar filas frente a la ofensiva judicial y mediática. Otros referentes libertarios, como Martín Menem, también pusieron “las manos en el fuego” por Karina, aunque el blindaje no alcanzó para frenar el impacto de las revelaciones ni el desgaste interno que ya se percibe en el oficialismo.
El escándalo estalla en la antesala de elecciones clave, tanto en la provincia de Buenos Aires como a nivel nacional. La combinación de sospechas de corrupción, actos fallidos y candidatos sin peso territorial abre un escenario complejo para el Gobierno, que había hecho de la lucha contra “la casta” su principal bandera. La semana negra de Karina Milei expuso, con crudeza, las fragilidades de un proyecto político que enfrenta cada vez más dudas de cara al futuro.