La fuerte caída de la construcción en Buenos Aires se convirtió en una de las señales más claras del deterioro que atraviesa la economía argentina. Un estudio de opinión del Grupo Construya reveló que la actividad del sector se desplomó un 70%, mientras crece la preocupación por la falta de demanda, la escasez de financiamiento y la retracción de las inversiones.
El relevamiento, realizado entre el 17 de abril y el 8 de mayo de este año entre 370 profesionales de la cadena de valor de la construcción de todo el país, muestra un escenario de marcada incertidumbre. Apenas uno de cada diez encuestados considera que su situación mejoró en los últimos doce meses, reflejando el impacto de la recesión sobre uno de los sectores históricamente más vinculados al nivel de actividad económica.
En Buenos Aires, el 33% de los consultados estima que su actividad será menor durante los próximos doce meses, mientras que solo el 32% espera una mejora. El resto considera que la situación permanecerá sin cambios, lo que evidencia la falta de expectativas de recuperación sostenida.
La principal preocupación de los actores del sector es la baja demanda del mercado, señalada por el 23% de los encuestados. Detrás aparecen la menor disponibilidad de financiamiento (16%), el aumento de los costos de construcción (11%) y la caída de la inversión privada (11%). Los datos reflejan un mercado interno debilitado, con consumidores y empresas que postergan decisiones de inversión ante la pérdida de poder adquisitivo y la incertidumbre económica.

La construcción, tradicionalmente considerada un termómetro de la economía, muestra así las consecuencias de una actividad que no logra recuperarse. La menor cantidad de proyectos impacta no solo en desarrolladores y constructoras, sino también en toda la cadena productiva vinculada al sector, desde la industria de materiales hasta el empleo.
A este panorama se suma el incremento sostenido de los costos. Según el Índice del Costo de la Construcción (ICC) del INDEC, los costos crecieron 2,7% en mayo, acumulan una suba del 12,8% en lo que va de 2026 y un aumento interanual del 29%.
De acuerdo con el Centro de Estudios Políticos y Económicos (CEPEC), la principal presión provino de la mano de obra, que aumentó 3,5% impulsada por las actualizaciones salariales de la UOCRA, y de los gastos generales, que subieron 4% por los incrementos en las tarifas de electricidad, agua y gas.
Aunque los materiales registraron un incremento más moderado, del 1,6%, las empresas continúan enfrentando mayores costos operativos en un contexto donde el problema central ya no es la inflación de los insumos, sino la ausencia de demanda suficiente para sostener la actividad.
Con una construcción que se derrumba, inversiones que no despegan y consumidores con menor capacidad de gasto, el sector vuelve a mostrar uno de los síntomas más evidentes de la crisis que atraviesa el mercado interno argentino.