La selección le dio la espalda a Milei y reivindicó el reclamo de soberanía por las islas Malvinas

Los campeones del mundo celebraron el triunfo frente a Inglaterra con una bandera que decía “Las Malvinas son Argentinas”. El gesto contrastó con la postura del Gobierno de Javier Milei, que volvió a descalificar las expresiones populares sobre la causa y priorizó evitar conflictos con la FIFA y el Reino Unido.

La clasificación de la Selección Argentina a una nueva final del Mundial 2026 dejó una de las imágenes más impactantes del torneo. Tras vencer a Inglaterra, los jugadores celebraron el histórico triunfo desplegando una bandera con la inscripción “Las Malvinas son Argentinas”, un gesto que trascendió lo deportivo y volvió a poner en evidencia la distancia entre el gobierno de Javier Milei y uno de los consensos más profundos de la sociedad argentina.

La escena adquirió un fuerte contenido simbólico porque se produjo luego de la controversia generada por la decisión de impedir el ingreso de banderas y carteles vinculados al reclamo de soberanía durante el partido. Mientras el Gobierno buscó evitar cualquier roce con la FIFA y con Inglaterra, fueron los propios futbolistas quienes terminaron llevando el reclamo al centro de la escena, desbaratando cualquier intento de mantener la cuestión Malvinas fuera del campo de juego.

La imagen que incomodó profundamente a Londres recorrió el mundo y fue celebrada por miles de argentinos como una reafirmación de una causa que trasciende gobiernos, ideologías y generaciones. Para buena parte de la sociedad, la soberanía sobre las Islas Malvinas constituye una política de Estado y un elemento central de la identidad nacional.

El reclamo por la soberanía de Malvinas estuvo presente en la semifinal con Inglaterra a pesar de los intentos de censura y desmalvinización por parte del gobierno libertario.

El contraste con la posición de Javier Milei fue inmediato. Desde que asumió la Presidencia, el mandatario modificó el tradicional posicionamiento argentino en materia de política exterior, profundizó el alineamiento con Estados Unidos y el Reino Unido y expresó en distintas oportunidades su admiración por Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la guerra de 1982 e incluso sugirió en un evidente guiño a Londres que los isleños sean una tercera parte en la disputa, quebrantando la estrategia diplomática argentina.

Ese cambio de orientación también estuvo acompañado por decisiones económicas que, según sus críticos, implican una creciente cesión de soberanía en áreas estratégicas. La apertura económica, el impulso al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), las privatizaciones y la desregulación de sectores clave alimentaron cuestionamientos sobre el papel del Estado en la defensa de los intereses nacionales.

En ese contexto, la bandera levantada por los campeones del mundo adquirió un significado que fue mucho más allá del resultado deportivo. La Selección volvió a expresar un sentimiento profundamente arraigado en la sociedad argentina y recordó que la causa Malvinas continúa siendo un símbolo de unidad nacional, aun cuando el Gobierno mantenga una posición diferente e incluso contraría al interés nacional.

Para Milei el reclamo es “patrioterismo barato”

Tras la clasificación a la final, Milei felicitó al seleccionado, pero volvió a cuestionar las manifestaciones populares vinculadas al reclamo de soberanía. El Presidente sostuvo que la recuperación de las Islas Malvinas debe alcanzarse mediante la diplomacia y no a través del “patrioterismo barato”, una definición que volvió a generar críticas por su distancia respecto del sentimiento que expresaron los propios futbolistas.

Mientras el mandatario relativizaba el valor de esas expresiones, el plantel encabezado por Lionel Messi celebró con una bandera que reivindicó de manera explícita la soberanía argentina sobre las islas. El contraste entre ambas imágenes terminó convirtiéndose en uno de los hechos políticos y simbólicos más comentados del Mundial.

El triunfo frente a Inglaterra fue, para millones de argentinos, mucho más que un resultado deportivo. La celebración de la Selección volvió a mostrar que existen causas capaces de unir al país por encima de las diferencias políticas y dejó expuesta la creciente desconexión entre el discurso del Gobierno y un sentimiento que sigue ocupando un lugar central en la memoria colectiva, memoria que el gobierno libertario busca borrar.

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