Más trucho no se consigue: Milei y Reidel plagiaron un paper de economía con Chat GPT

Javier Milei quedó envuelto en un nuevo escándalo ético luego de que un profesor de la Universidad de Pensilvania denunciara que un artículo académico firmado junto a su exasesor en temas nucleares, Demián Reidel, habría sido elaborado con inteligencia artificial y presentado como una producción original.

El trabajo, titulado “Minimum Viable Scale: Extinction and Escape under Increasing Returns” (“Escala Mínima Viable: Extinción y Escape bajo Rendimientos Crecientes”), fue cuestionado por el economista Jesús Fernández Villaverde, quien relató que encontró el texto en redes sociales y, al leerlo, tuvo “la clara sensación” de que había sido escrito por un modelo de lenguaje basado en inteligencia artificial (LLM).

Según explicó el académico, el formato, el estilo de redacción, las derivaciones matemáticas y hasta la bibliografía citada le resultaron característicos de un texto generado por IA. Para comprobar su sospecha, sometió el documento a Pangram, una herramienta de detección de contenido generado artificialmente.

“En los cinco casos devolvió una probabilidad del 100% de generación por IA”, aseguró Fernández Villaverde, quien aclaró que no cuestiona el uso de inteligencia artificial como herramienta de apoyo, pero sí consideró inadmisible presentar como propio un trabajo elaborado por un modelo automatizado. “Hay una diferencia entre usar IA para ayudar a investigar y pedirle a un LLM que escriba un artículo y luego poner mi nombre en él”, sostuvo.

La denuncia fue amplificada por el periodista Sebastián Lacunza, quien directamente acusó a Milei y Reidel de plagio, alimentando una nueva polémica sobre la integridad académica del Presidente.

La defensa de Reidel

Ante las acusaciones, Demián Reidel salió a responder con un extenso descargo. Negó cualquier plagio y sostuvo que el trabajo contiene “resultados novedosos” sobre un problema complejo de economía, desarrollados mediante herramientas matemáticas poco habituales en esa disciplina.

Además, afirmó que Pangram “no detecta plagio sino estilo de escritura” y reconoció únicamente que, una vez terminado el manuscrito, utilizó inteligencia artificial para “corregir la redacción y mejorar la calidad del texto”.

Reidel también aclaró que el documento aún es un working paper, es decir, un borrador de investigación que todavía no fue publicado en una revista científica, y aseguró que el objetivo es enviarlo próximamente para su evaluación académica.

El episodio vuelve a colocar a Milei en el centro de una controversia por cuestiones éticas, esta vez vinculada con la autoría y la transparencia en un trabajo académico firmado junto a quien fue uno de sus principales asesores en materia nuclear.

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Milei cuestionó la bandera de Malvinas de la Scaloneta: “Patrioterismo barato”

El presidente Javier Milei habló luego del triunfo épico de Argentina sobre Inglaterra y se refirió a la polémica por la ausencia de banderas con inscripciones referidas a las Malvinas, algo exigido por la FIFA y respaldado por el propio gobierno argentino. Después del triunfo, los jugadores de la Scaloneta muestran una bandera que decía “Las Malvinas son argentinas”.

“La recuperación de las Malvinas se logran con una diplomacia sabia y no con gestos de patrioterismo baratos, berretas”, aseguró Milei sobre el debate. “Esos gestos, si se llevan al debate internacional son verdaderamente de características pobres y muy malas”, insistió.

Es evidente que al gobierno lo dejó incómodo la actitud de la scaloneta que decidió hacerse cargo de un reclamo histórico del pueblo argentino en torno a las Malvinas, algo que el propio oficialismo quiso evitar a toda cosa.

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Presionado por la oposición y la selección, el gobierno tuvo que protestar por la presencia de buque militar británico en aguas argentinas

Tras varios días de silencio y en medio de fuertes cuestionamientos de la oposición, el Gobierno Nacional finalmente presentó una protesta diplomática por la incursión del buque militar británico HMS Medway en aguas bajo jurisdicción argentina.

Sin embargo, la Cancillería decidió hacer pública esa gestión recién después del triunfo de la Selección Argentina sobre Inglaterra y del contundente mensaje de los jugadores en defensa de la soberanía sobre las Islas Malvinas.

Luego de la clasificación a la final del Mundial, el plantel argentino desplegó una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”, un gesto que fue celebrado por millones de argentinos y que volvió a colocar el reclamo de soberanía en el centro de la escena. Apenas finalizado el encuentro, la Cancillería difundió un comunicado informando que el canciller Pablo Quirno había presentado una protesta formal ante la Embajada del Reino Unido por la presencia del HMS Medway. “En la diplomacia, el trabajo no se grita como en los goles”, escribió el funcionario en sus redes sociales.

No obstante, el propio comunicado reveló que la protesta había sido presentada días antes, cuando el episodio ya era conocido públicamente. La incursión del buque había sido detectada por la Armada Argentina varios días antes y, hasta ese momento, la única reacción oficial había llegado desde el Gobierno de Tierra del Fuego.

“Es una nueva manifestación de la mala fe británica en el Atlántico Sur”, había denunciado entonces el secretario de Malvinas de la provincia, Andrés Dachary. Mientras tanto, la Cancillería mantenía silencio y, según trascendió, una de las principales preocupaciones del Gobierno era determinar cómo se había filtrado la información sobre la operación británica.

En el comunicado difundido tras el partido, la Cancillería sostuvo que “el Gobierno argentino rechaza con firmeza esta incursión militar británica en espacios bajo jurisdicción argentina, que se suma a una política sostenida de actos unilaterales incompatible con las resoluciones de las Naciones Unidas y con el deber de ambas partes de abstenerse de alterar la situación mientras la disputa de soberanía permanezca pendiente de solución”.

La demora en hacer público el reclamo generó fuertes críticas de la oposición. Diputados de Unión por la Patria anticiparon que citarán al canciller Pablo Quirno al Congreso para que explique por qué el Gobierno esperó varios días para reaccionar y decidió difundir la protesta recién una vez terminado el partido frente a Inglaterra.

“La Cancillería sacó el comunicado de protesta al Reino Unido por el buque inglés dos horas después de que terminara el partido. No se animaron antes. Más arrastrados no se consigue”, cuestionó el presidente del bloque de Unión por la Patria, Germán Martínez.

En la misma línea, el exsecretario de Malvinas Guillermo Carmona sostuvo que el Gobierno eligió deliberadamente el momento de menor impacto mediático para difundir el reclamo. “Esperaron el resultado del partido, cuando toda la atención estaba puesta en otra cosa, para expresar el repudio a un hecho que exigía una respuesta pública inmediata y categórica frente a una acción ilegal y una provocación inaceptable para nuestro país”, afirmó.

Para referentes de la oposición especializados en política exterior, el episodio reforzó las dudas sobre la estrategia internacional de la administración de Javier Milei. Desde hace tiempo cuestionan que el Ejecutivo evita confrontar públicamente con el Reino Unido por las reiteradas incursiones militares en el Atlántico Sur para no afectar el vínculo bilateral, en momentos en que el Presidente prepara una visita oficial a Londres para participar de la denominada “Argentina Week in London”, prevista para fines de octubre.

La polémica también coincidió con la decisión del Gobierno de impedir el ingreso a las tribunas de banderas con el mapa de las Islas Malvinas por considerarlas contenido político, una medida que contrastó con el mensaje de la Selección, que volvió a reivindicar la soberanía argentina apenas consumada la victoria frente a Inglaterra.

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La selección le dio la espalda a Milei y reivindicó el reclamo de soberanía por las islas Malvinas

Los campeones del mundo celebraron el triunfo frente a Inglaterra con una bandera que decía “Las Malvinas son Argentinas”. El gesto contrastó con la postura del Gobierno de Javier Milei, que volvió a descalificar las expresiones populares sobre la causa y priorizó evitar conflictos con la FIFA y el Reino Unido.

La clasificación de la Selección Argentina a una nueva final del Mundial 2026 dejó una de las imágenes más impactantes del torneo. Tras vencer a Inglaterra, los jugadores celebraron el histórico triunfo desplegando una bandera con la inscripción “Las Malvinas son Argentinas”, un gesto que trascendió lo deportivo y volvió a poner en evidencia la distancia entre el gobierno de Javier Milei y uno de los consensos más profundos de la sociedad argentina.

La escena adquirió un fuerte contenido simbólico porque se produjo luego de la controversia generada por la decisión de impedir el ingreso de banderas y carteles vinculados al reclamo de soberanía durante el partido. Mientras el Gobierno buscó evitar cualquier roce con la FIFA y con Inglaterra, fueron los propios futbolistas quienes terminaron llevando el reclamo al centro de la escena, desbaratando cualquier intento de mantener la cuestión Malvinas fuera del campo de juego.

La imagen que incomodó profundamente a Londres recorrió el mundo y fue celebrada por miles de argentinos como una reafirmación de una causa que trasciende gobiernos, ideologías y generaciones. Para buena parte de la sociedad, la soberanía sobre las Islas Malvinas constituye una política de Estado y un elemento central de la identidad nacional.

El reclamo por la soberanía de Malvinas estuvo presente en la semifinal con Inglaterra a pesar de los intentos de censura y desmalvinización por parte del gobierno libertario.

El contraste con la posición de Javier Milei fue inmediato. Desde que asumió la Presidencia, el mandatario modificó el tradicional posicionamiento argentino en materia de política exterior, profundizó el alineamiento con Estados Unidos y el Reino Unido y expresó en distintas oportunidades su admiración por Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la guerra de 1982 e incluso sugirió en un evidente guiño a Londres que los isleños sean una tercera parte en la disputa, quebrantando la estrategia diplomática argentina.

Ese cambio de orientación también estuvo acompañado por decisiones económicas que, según sus críticos, implican una creciente cesión de soberanía en áreas estratégicas. La apertura económica, el impulso al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), las privatizaciones y la desregulación de sectores clave alimentaron cuestionamientos sobre el papel del Estado en la defensa de los intereses nacionales.

En ese contexto, la bandera levantada por los campeones del mundo adquirió un significado que fue mucho más allá del resultado deportivo. La Selección volvió a expresar un sentimiento profundamente arraigado en la sociedad argentina y recordó que la causa Malvinas continúa siendo un símbolo de unidad nacional, aun cuando el Gobierno mantenga una posición diferente e incluso contraría al interés nacional.

Para Milei el reclamo es “patrioterismo barato”

Tras la clasificación a la final, Milei felicitó al seleccionado, pero volvió a cuestionar las manifestaciones populares vinculadas al reclamo de soberanía. El Presidente sostuvo que la recuperación de las Islas Malvinas debe alcanzarse mediante la diplomacia y no a través del “patrioterismo barato”, una definición que volvió a generar críticas por su distancia respecto del sentimiento que expresaron los propios futbolistas.

Mientras el mandatario relativizaba el valor de esas expresiones, el plantel encabezado por Lionel Messi celebró con una bandera que reivindicó de manera explícita la soberanía argentina sobre las islas. El contraste entre ambas imágenes terminó convirtiéndose en uno de los hechos políticos y simbólicos más comentados del Mundial.

El triunfo frente a Inglaterra fue, para millones de argentinos, mucho más que un resultado deportivo. La celebración de la Selección volvió a mostrar que existen causas capaces de unir al país por encima de las diferencias políticas y dejó expuesta la creciente desconexión entre el discurso del Gobierno y un sentimiento que sigue ocupando un lugar central en la memoria colectiva, memoria que el gobierno libertario busca borrar.

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