Apenas un puñado de dirigentes y curiosos asistieron al encuentro convocado por el expresidente en el Norte argentino. La escasa convocatoria encendió los alarmas en el espacio amarillo, expuso el vaciamiento del partido a manos de los libertarios y derivó en pases de factura internos.
El intento de Mauricio Macri por rearmar territorialmente al PRO y mostrar músculo político en el interior del país terminó convirtiéndose en una postal de soledad y decadencia partidaria. Durante su viaje a la provincia de Jujuy, donde pretendía encabezar un mentado “encuentro regional” para reactivar a la tropa propia, el fundador del espacio chocó de frente contra una realidad inocultable: a la cita no asistieron más de un par de decenas de personas, entre dirigentes locales de segunda línea y algunos curiosos que pasaban por el lugar.
La bochornosa convocatoria desató un inmediato cruce de acusaciones e internas en el entorno de la mesa chica del expresidente. Los reproches apuntaron contra su armado de confianza, encabezado por Fernando de Andreis, a quien en los pasillos de la sede partidaria responsabilizan por haber organizado un evento sin garantías de concurrencia y por exponer a la figura de Macri a un papelón mediático de proporciones en el escenario norteño.
Detrás del fracaso organizativo subyace un fenómeno político estructural: el vaciamiento acelerado que viene sufriendo el PRO a manos de La Libertad Avanza y el sector alineado a Patricia Bullrich. La fuga constante de dirigentes territoriales hacia las filas del oficialismo libertario dejó a la estructura amarilla reducida a un partido “boutique”, sin peso en las provincias e incapaz de movilizar bases ni generar entusiasmo militante.
El fiasco jujeño profundiza las dudas sobre el verdadero margen de acción del exmandatario para incidir en el mapa político nacional. Atrapado en un tironeo permanente con la Casa Rosada —donde alternadamente intenta negociar acuerdos electorales o fingir distancia crítica—, Macri comprueba que su capacidad de conducción se diluye al mismo ritmo en que su electorado natural fue cooptado por el experimento radicalizado de Javier Milei.
La soledad del acto en tierras jujeñas funciona como un reflejo de la irrelevancia a la que se encamina el macrismo. Quien supiera conducir una de las fuerzas políticas más potentes de la última década hoy deambula por el país intentando simular centralidad ante sillas vacías, confirmando que la sociedad ya dio vuelta la página de una dirigencia que no ofrece alternativas frente al drama social y económico que vive la Argentina.