Derrumbe productivo: una empresa de tecnología agrícola cerró su planta y echó a más de 100 empleados

Esta vez, el impacto se hizo sentir en la industria de tecnología agrícola: las empresas Plantium y Gentec paralizaron las operaciones de su planta en Villa Constitución, Santa Fe, y más de 100 trabajadores quedaron desvinculados en medio de una severa crisis financiera.

La compañía, especializada en el desarrollo de tecnología para el agro, agricultura de precisión, monitores de siembra y pilotos automáticos, debió frenar sus líneas de producción ante el derrumbe de las ventas, la falta de liquidez y la acumulación de deudas. El ajuste laboral alcanzó directamente a 84 trabajadores de la planta, aunque el número total de desvinculaciones supera el centenar al sumar otras dependencias y retiros voluntarios.

El cuadro es alarmante. Según reconoció el propio dueño de las firmas, Jorge Gentili, la empresa acumuló un pasivo cercano a los 500 millones de pesos en cheques rechazados y cuentas corrientes impagas, mientras enfrentaba crecientes dificultades para cobrarles a sus clientes y una fuerte contracción de la demanda de equipamiento tecnológico.

La situación expone una realidad que contradice cualquier relato triunfalista sobre el desempeño del sector agropecuario: cuando los productores pierden capacidad de inversión, se encarece el financiamiento y las ventas se desploman, la crisis se traslada rápidamente a toda la cadena productiva, desde los fabricantes de maquinaria hasta las empresas de tecnología y sus trabajadores.

El deterioro no se limita a esta compañía. La retracción también afecta a terminales de maquinaria agrícola y fabricantes de componentes en Santa Fe y Córdoba, en un contexto marcado por la menor inversión del sector primario y el encarecimiento del crédito.

Como si fuera poco, la empresa ya venía pagando los salarios de manera fraccionada y había intentado encontrar inversores o compradores para evitar el cierre. Sin embargo, las negociaciones con distintos grupos, incluidos capitales internacionales, no prosperaron.

Ahora, la firma proyecta una eventual reapertura con una estructura drásticamente reducida, de apenas entre 60 y 70 empleados, lo que deja en evidencia la profundidad del deterioro.

El caso constituye una nueva señal de alarma sobre la crisis que atraviesa la agroindustria argentina. No alcanza con exhibir cifras de exportaciones o cosechas récord si la industria que produce tecnología, maquinaria y equipamiento para el campo se paraliza, las empresas acumulan deudas y los trabajadores terminan pagando las consecuencias con sus puestos de trabajo.

La crisis ya no golpea solamente a las fábricas tradicionales: también alcanza a la innovación y al desarrollo tecnológico aplicado al agro. Una señal preocupante para el entramado industrial argentino y para el futuro de miles de empleos vinculados a la producción.

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