Estar ahí -o cómo ganarle a la UCR en su tierra-

De todas las sorpresas que dejaron las PASO, el triunfo del Frente para la Victoria en Chascomús, histórico bastión del radicalismo bonaerense, será un trago difícil de digerir para la UCR de la ciudad con laguna.

El candidato kirchnerista Gabriel Macchi ganó las PASO y quedó muy bien posicionado de cara a octubre para quebrar la tradición radical en el municipio que vio nacer a Raúl Alfonsín en su carrera política.

Macchi es concejal del Frente para la Victoria y presidente del Concejo Deliberante de Chascomús. Asimismo, se desempeña como funcionario del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, dirigido por Alicia Kirchner.

Desde allí, Macchi articuló políticas destinadas al municipio: entrega de libros y banderas de mástil a escuelas públicas y privadas de Chascomús, aplicación del programa “Estar ahí” con el objetivo de dar respuesta a diversos reclamos de los chascomunenses, por ejemplo.

En 2013, luego del arribo de camiones del Ministerio de Desarrollo Social con ayuda para los vecinos, recibió críticas de la oposición por su rol como articulador. Al respecto, el concejal del Frente Progresista Cívico y Social, José Maffeo, le pidió que se tomará “licencia” al considerar que dicha ayuda podía ser utilizada electoralmente. “Para que todo sea más cristalino”, argumentó el concejal Maffeo.

Como varios dirigentes peronistas, Macchi busca aferrar vínculos con la Iglesia. En julio de este año se reunió con el Obispo Diocesano de Chascomús, Monseñor Carlos Malfa, en compañía de Alfredo "Cacho" Asteasuain, candidato a concejal por el Frente para la Victoria, antes de su visita al Papa Francisco en Bolivia en el marco del "Segundo Encuentro Mundial de Movimientos Populares".

Uno de los proyectos que, tanto Macchi como Asteasuain, trabajaran “a partir del 10 de diciembre” será darle impulso a la cooperativa de pescadores "Coopechas Chascomús", que desde hace cinco años funciona en la bahía de Samborombón.

“Es una pena que todo esto que estamos a punto de mostrarle como exitoso al Papa Francisco, no se haya podido hacer en Chascomús porque acá nos corrieron, nos persiguieron, nos balearon y nos trataron como delincuentes”, denunció Asteasuain al respecto, antes del encuentro que tuvo al máximo líder católico como protagonista.

A nivel provincial, el concejal del FpV dio muestras de cercanía con ambos precandidatos con los que jugó el Frente para la Victoria: fue recibido por Aníbal Fernández en la Casa Rosada y acompañó a Julián Domínguez en una visita a Chascomús. Ironías de la historia: aquel encuentro junto a Domínguez terminó con una foto de ambos en la banca que supo ocupar Raúl Alfonsín en el Concejo Deliberante local.

Pero la foto más preciada que consiguió en los días previos a las PASO fue con la presidenta Cristina Fernández. En esa ocasión, en Casa Rosada, la Jefa de Estado respaldó la candidatura de Macchi a jefe comunal. La política tiene esos símbolos. Para vencer a la UCR en su tierra más vale contar con la bendición del Papa y de la presidenta.

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Las boinas azules, eje de la campaña de Scioli

La escena fue repetida múltiples veces durante la campaña: Scioli bajando de un helicóptero, los boinas azules –de Bahía Blanca, La Plata o La Matanza, el distrito es indiferente- esperándolo en posición militar, el candidato agradeciéndoles por “dar la vida” por la seguridad en discursos que no superaban los 15 minutos y las boinas volando por el aire como festejo, al estilo norteamericano de ceremonia de graduación. Después selfies para todos de DOS con los jóvenes policías, en su mayoría mujeres veinteañeras.

La inauguración de nuevas policías se convirtió en un eslabón clave de la campaña de Scioli: demostrar gestión y brindar “soluciones” a la problemática de seguridad. La aparición de las policías locales implicó entonces módulos de capacitación exprés: los oficiales tenían que estar en la calle antes de las elecciones primarias. La formación, de apenas siete meses, quedó en un segundo plano. Y la mayoría de los inscriptos fueron jóvenes de entre 18 y 35 años, que se anotaron en la fuerza pensando en una salida laboral estable, no en “dar la vida” por la seguridad.

Párrafo aparte merece la fallida intención de crear por ley a las policías locales, una demostración de falta de consenso entre las fuerzas políticas de la Legislatura bonaerense frente a un tema verdaderamente delicado.

A pesar de las críticas que recibió de parte de los sectores defensores de la seguridad democrática, las policías comunales “de prevención” fueron bien recibidas por los intendentes de la Provincia, tanto en el interior profundo como en el cinturón del conurbano.

Al inaugurar su respectiva fuerza, Jorge Ferraresi, intendente de Avellaneda, destacó “la decisión y la valentía del gobernador Scioli” y les agradeció a los flamantes agentes “por esta decisión llena de vocación para cuidar a nuestra sociedad”. En el interior serrano, José Eseverri, intendente de Olavarría habló de la necesidad de “aumentar la presencia del policía caminando, generando proximidad y confianza con el vecino, en un trabajo de cercanía que no puede darse con la policía de la Provincia”.

El gobernador Scioli proyecta para el final de su mandato llegar a 90 mil efectivos de policía, entre las distintas instancias, porque eso va a ir “generando gradualmente una baja sostenida en los índices de inseguridad”. 90 mil personas es la cantidad aproximada de algunos municipios bonaerenses, como Berisso o General Rodríguez, según el censo de 2010. Se podría crear, prácticamente, un poli-distrito.

Esta idea de la saturación de la vigilancia cobró su auge con aquella “teoría del helado” del ministro de seguridad bonaerense, Alejandro Granados. Durante el verano de 2014, en medio del Operativo Sol, el intendente en uso de licencia de Ezeiza desarrolló su concepto de filosofía policial: “Cuando estemos en una plaza comiendo un helado tiene que pasar el móvil de la policía de la Provincia, cuando vas por la mitad del helado tiene que pasar el móvil de la Gendarmería, y cuando estás terminando el cucurucho tenés que ver el móvil de la policía local”.

Hay un factor silencioso que no se pone en discusión y que supone una bomba de tiempo: la posibilidad del choque de fuerzas policiales por la trama de vínculos históricos de la Bonaerense con el juego, la trata y las drogas. Si estalla esa bomba todos saldrían perdiendo; es un juego de poder entre personas que portan 9 milímetros.

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