Luego de la expulsión de la ministra de Relaciones Exteriores, el gobierno publicó un comunicado oficial en el que advierte que irá contra los “impulsores de agendas enemigas de la libertad”.
El gobierno de Javier Milei ha puesto en marcha medidas que evocan la era macartista, delineando la existencia de enemigos internos bajo el manto de la “defensa de la libertad”. La reciente expulsión de la canciller Diana Mondino, tras el voto argentino en la ONU en contra del embargo de Estados Unidos a Cuba, ha servido de catalizador para un endurecimiento en el manejo de la diplomacia. En respuesta a lo sucedido, el presidente Milei anunció una auditoría en la Cancillería destinada a identificar a quienes considera promotores de “agendas enemigas de la libertad”, lanzando una persecución ideológica contra aquellos funcionarios cuyas visiones no se alinean con la política oficial.

La decisión, que remarca la imposición de un alineamiento ideológico rígido en el servicio diplomático, fue confirmada en un comunicado oficial, en el cual se subrayó la necesidad de una política exterior que represente “valores de libertad, soberanía y derechos individuales” característicos de las democracias occidentales. El mensaje fue claro: el Estado argentino bajo la dirección de Milei defenderá dichos principios en el ámbito internacional, y para ello se propone depurar el cuerpo diplomático de posibles opositores internos.
Un ejército de trolls en respaldo del presidente
La reacción del mandatario en redes sociales fue acompañada por su ejército de trolls, que rápidamente reprodujeron mensajes de apoyo a la “limpieza” en Cancillería, con afirmaciones que advertían: “Nadie tiene el puesto asegurado”, “Se tienen que aggiornar a los valores de LLA”, y “El que no entienda esta política, que se dedique a otra cosa”. Estas manifestaciones son prueba de un clima de persecución ideológica, donde las ideas y posturas disidentes son vistas como una amenaza directa y deben ser eliminadas para salvaguardar una “libertad” que no admite divergencia.