Nada que festejar: fuerte aumento de la inseguridad alimentaria en Argentina

“La inseguridad alimentaria es una medida mucho más directa, precisa y fiable para medir la pobreza real de la Argentina”, señalaron desde la UCA.

El Ministerio de Capital Humano anunció esta semana que la pobreza en Argentina disminuyó al 38,9% durante el tercer trimestre de 2024, según un informe preliminar basado en datos del INDEC. Este resultado muestra una aparente mejora respecto al 54,8% del primer trimestre del año, pero genera serias dudas al contrastarse con otros indicadores sociales críticos, como el aumento de la inseguridad alimentaria y la indigencia, evidenciados por diversos estudios.

El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) reportó que el índice de inseguridad alimentaria alcanzó en el tercer trimestre de este año los niveles más altos de la última década, superando incluso los registros de la pandemia. Más del 30% de los niños y niñas en el país viven en hogares que se ven obligados a reducir la cantidad o calidad de los alimentos que consumen debido a la falta de ingresos.

Por otro lado, un informe de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) arroja datos aún más alarmantes. Según este análisis publicado en el mes de noviembre, en el último año la población en situación de indigencia se incrementó un 131%, pasando de 2,6 millones a más de 6 millones de personas, mientras que el número de pobres aumentó un 43,3%. Este fenómeno refleja que muchas personas han caído de la pobreza a la indigencia, exacerbando la vulnerabilidad social.

Datos contradictorios

Aunque los datos oficiales vinculan la baja de la pobreza con la desaceleración de la inflación, estos resultados no parecen reflejar mejoras reales en la calidad de vida. Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, señaló que “la medición de pobreza por ingresos es limitada, porque no captura las múltiples privaciones que enfrentan los hogares, como la inseguridad alimentaria”.

El informe de la UBA también resalta que, a pesar de las ayudas sociales, como la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar, estas solo impactan en la indigencia, pero tienen un efecto marginal sobre la pobreza estructural. Además, la clase media empobrecida no se beneficia de estos programas, lo que amplifica las brechas sociales.

Inseguridad alimentaria como indicador clave

El índice de inseguridad alimentaria, basado en encuestas que evalúan la capacidad de los hogares para acceder a alimentos adecuados, clasifica en dos niveles:

  • Inseguridad alimentaria moderada: Los hogares enfrentan incertidumbre sobre su capacidad para obtener alimentos o reducen la calidad y cantidad de los mismos.
  • Inseguridad alimentaria severa: Las personas carecen gravemente de acceso a alimentos, llegando incluso a pasar días sin comer.

Ambos niveles se mantienen altos, reflejando que muchas familias priorizan gastos fijos, como servicios públicos y transporte, sobre alimentos, reduciendo así su capacidad de consumo en un ámbito tan esencial como la nutrición.

El desafío estructural de la pobreza

Salvia advierte que Argentina enfrenta un “piso estructural de pobreza” cercano al 35%, que será difícil de reducir sin un crecimiento económico sostenido, generación de empleo y mayor consumo interno. Según su proyección, aunque la pobreza podría seguir disminuyendo marginalmente en los próximos meses, el país necesita cambios estructurales profundos para superar esta situación.

La coexistencia de una supuesta baja en la pobreza con un aumento de la inseguridad alimentaria y la indigencia cuestiona la solidez de las mediciones oficiales y la efectividad de las políticas públicas. Este contraste subraya la necesidad de diseñar estrategias que aborden de manera integral las múltiples dimensiones de la pobreza en el país.

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