Desde la Federación de Cooperadoras Escolares del Gran Santa Fe destacan que, pese a las recientes estadísticas publicadas por el Indec, el relevamiento, por ahora, no se ve reflejado en las aulas y comedores que brindan un plato o copa de leche a niñas, niños y adolescentes.
Mientras el gobierno nacional celebraba recientemente una supuesta mejora en los índices de pobreza, los datos que llegan desde los comedores escolares del Gran Santa Fe pintan un panorama muy diferente —y preocupante— que revela una realidad que las estadísticas oficiales parecen ignorar.
Según el último informe del Indec, la pobreza en Argentina habría mostrado una baja significativa en comparación con el primer semestre de 2023 y con el cierre del año pasado. Sin embargo, en el terreno, en las aulas y comedores donde se garantiza un plato de comida diario a niños, niñas y adolescentes, no hay ningún indicio de esa supuesta mejora”, “la matrícula de los comedores escolares no bajó y siguen tan poblados como el año pasado”, advirtieron.
Desde la Federación de Cooperadoras Escolares del Gran Santa Fe advierten que los comedores siguen tan concurridos como el año pasado, e incluso en algunos casos, más. “Vimos el informe, leímos todos los números. Pero por lo que nuestros cooperadores manifiestan, ese cambio no se está viendo todavía en los comedores”. Sobre esa misma línea, alertó que “los niños, niñas y adolescentes que concurren, siguen siendo la misma cantidad, e incluso un poquito más, que el año pasado”. afirmó María Alejandra Pérez, presidenta de la Federación, en diálogo con el programa De 12 a 14 (El Tres).
Pérez señaló que la asistencia a los comedores no solo no disminuyó, sino que en muchos casos aumentó. Las aulas están más llenas y las familias no logran sostener siquiera las cuotas de instituciones privadas económicas, por lo que el sistema público —y sus comedores— se ven más exigidos que nunca.
La dirigente también hizo hincapié en la dificultad creciente para mantener una alimentación saludable en los comedores escolares debido a los altos costos de la canasta básica. “Hacen milagros con la plata”, afirmó, y subrayó que los sectores más vulnerables no perciben ningún alivio en sus condiciones de vida.
“Lamentablemente la mejora no se da en los lugares más populosos donde tenemos las escuelas”, concluyó Pérez, dejando en evidencia una alarmante desconexión entre los números oficiales y lo que sucede en los barrios más golpeados por la crisis.
Este contraste entre las estadísticas oficiales y la cruda realidad cotidiana de miles de niños y niñas en Santa Fe pone sobre la mesa una verdad incómoda: la dimensión de la crisis social está siendo subestimada y silenciada, mientras los comedores comunitarios siguen siendo el último refugio frente al hambre.