Este sÃĄbado, la firma anunciÃģ el cierre total de sus plantas en Ricardone y Avellaneda, alegando la imposibilidad de afrontar sueldos, contratos operativos y costos bÃĄsicos, miles de puesto de trabajo en riesgo.
La caÃda definitiva del Grupo Vicentin ya no admite eufemismos: la empresa que durante aÃąos fue emblema del agroexportador argentino hoy se desploma, envuelta en una crisis terminal, denuncias por estafa, y con mÃĄs de mil trabajadores al borde del abismo laboral. Este sÃĄbado, la firma anunciÃģ el cierre total de sus plantas en Ricardone y Avellaneda, alegando la imposibilidad de afrontar sueldos, contratos operativos y costos bÃĄsicos. La decisiÃģn se justifica, segÚn ellos, como una “medida para proteger activos”, pero la realidad muestra otra cosa: una maniobra desesperada en el marco de una debacle financiera autogenerada y sostenida por aÃąos de impunidad.
La pesada herencia macrista
Desde 2019, Vicentin arrastra un default multimillonario que impactÃģ de lleno en toda la cadena agroindustrial. Pero el epicentro del escÃĄndalo no estÃĄ solo en la crisis econÃģmica, sino en lo que se investiga como una de las estafas mÃĄs grandes contra el Estado argentino: durante el gobierno de Mauricio Macri, el Banco NaciÃģn le otorgÃģ a Vicentin crÃĐditos por 18.000 millones de pesos, a pesar de que ya no calificaba como sujeto de crÃĐdito y estaba bajo alerta por incumplimientos sistemÃĄticos. Todo esto se hizo violando normativas bancarias y bajo una presunta connivencia con altos funcionarios del macrismo.
Por esta razÃģn, Mauricio Macri y varios de sus exfuncionarios, como Laura Alonso, Guido Sandleris y Javier GonzÃĄlez Fraga, fueron denunciados penalmente por “defraudaciÃģn al Estado” en el marco del caso Vicentin. La denuncia recayÃģ en el Juzgado Federal a cargo de Luis RodrÃguez. Cabe recordar que la cerealera jamÃĄs devolviÃģ esos 18.000 millones de pesos otorgados como crÃĐdito, lo que expone con crudeza el uso polÃtico y discrecional de los recursos pÚblicos durante ese perÃodo.
AÃąos despuÃĐs, la bomba estallÃģ: la Justicia dictÃģ prisiÃģn preventiva para cuatro exdirectivos del grupo âOmar Scarel, Alberto Macua, Roberto Gazze y Daniel Buyattiâ, acusados de asociaciÃģn ilÃcita, estafa y administraciÃģn fraudulenta por mÃĄs de 600 millones de dÃģlares. Las maniobras incluyeron falsificaciÃģn de balances, simulaciÃģn de operaciones, desvÃo de fondos y una operatoria sistemÃĄtica para vaciar la firma mientras solicitaban ayuda estatal y posponÃan pagos a proveedores, trabajadores y entidades financieras.
Mientras tanto, mÃĄs de 3.000 trabajadores, entre empleos directos e indirectos, hoy enfrentan la incertidumbre absoluta, sin sueldos ni garantÃas. El gremio aceitero ya estÃĄ en estado de alerta, y no se descartan medidas de fuerza. AdemÃĄs, la empresa adeuda mÃĄs de 400 millones de pesos a la Cooperativa de Servicios PÚblicos de Avellaneda, lo que podrÃa dejar sin electricidad a una de sus plantas.
La parÃĄlisis operativa tambiÃĐn tiene un trasfondo polÃtico y judicial. La Corte Suprema de la NaciÃģn podrÃa ser el prÃģximo escenario del expediente, en medio de presiones para homologar un acuerdo concursal que la Justicia santafesina rechazÃģ por sospechas de irregularidades. En este clima, las medidas desesperadas de la empresa parecen mÃĄs una extorsiÃģn encubierta que un intento legÃtimo de recuperaciÃģn.
El accionar fraudulento de los directivos de Vicentin no fue una casualidad ni una reacciÃģn a la crisis: fue un plan deliberado de saqueo, montado a travÃĐs de una red de mÃĄs de 30 empresas del grupo, diseÃąado para beneficiarse a costa de productores, acreedores y del Estado nacional. La justicia investiga ademÃĄs que parte del dinero extraÃdo fue destinado a gastos personales, pagos a abogados en causas penales, y autoindemnizaciones millonarias, mientras los empleados ni siquiera cobraban sus sueldos.
A todo esto, se suma el testimonio del exfuncionario de AFIP Carlos Vaudagna, quien confesÃģ que beneficiÃģ a Vicentin durante el macrismo para evitar investigaciones por apropiaciÃģn indebida de reintegros del IVA por mÃĄs de 143 millones de pesos entre 2016 y 2019. El engranaje del fraude no sÃģlo fue empresarial: fue polÃtico, financiero y estatal.
Hoy, el caso Vicentin es sÃmbolo de cÃģmo los grandes grupos econÃģmicos pueden diseÃąar estafas de magnitud histÃģrica con la complicidad del poder polÃtico. Y tambiÃĐn es un llamado urgente a la Justicia: para que no vuelva a ocurrir, para que no gane la impunidad y para que el Estado recupere lo que es del pueblo.