AmCham le cantó las 40 a Milei: críticas por la incertidumbre y la defensa de capitales de dudoso origen

Empresarios de EE.UU. nucleados en AmCham marcaron diferencias con el modelo libertario: reclamos por la falta de institucionalidad, blanqueo a delitos financieros y ausencia de reglas claras

En una escena que dejó al descubierto un inédito cortocircuito, la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (AmCham) le bajó el pulgar al rumbo económico de Javier Milei y puso sobre la mesa críticas que incomodaron a la comitiva libertaria. Fue en el marco del AmCham Summit, el evento que reúne a representantes de las principales multinacionales norteamericanas en el país, donde por primera vez se escuchó un reclamo tan directo como inesperado: la falta de condiciones institucionales, la inseguridad jurídica y el aval implícito al ingreso de capitales sin control ni origen claro.

Facundo Gómez Minujín, presidente de AmCham y representante de JP Morgan en Argentina, fue la voz que encarnó la disconformidad. En un discurso que no pasó desapercibido, sostuvo que “Argentina no tiene la calidad institucional suficiente para garantizar inversiones a largo plazo” y cuestionó las señales contradictorias del gobierno, incluyendo su beneplácito hacia mecanismos como el “blanqueo de capitales” sin distinción entre fondos legales e ilegales.

En ningún país serio se premia el narcotráfico, el contrabando o el delito financiero con un blanqueo”, sostuvo Gómez Minujín ante una sala repleta de CEOs, diplomáticos y funcionarios. El mensaje cayó como una bomba en Balcarce 50, que había apostado a este foro como vidriera internacional para atraer inversiones. La respuesta, sin embargo, fue un llamado de atención.

Además, el banquero apuntó contra el clima de incertidumbre que genera el propio gobierno. Criticó las constantes modificaciones del régimen cambiario, la falta de previsibilidad tributaria, y la asfixia que sufren las empresas por un marco regulatorio difuso y sin horizonte. Fue una enumeración que sonó a reprimenda, justo frente al equipo económico liderado por Luis Caputo y en presencia del propio presidente.

Milei, por su parte, sorprendió con un discurso corto —menos de 20 minutos— y con escasa capacidad de respuesta a las críticas. Evitó cualquier referencia directa al planteo de AmCham y se limitó a repetir sus habituales latiguillos: arengó a los empresarios a “invertir ahora que Argentina está baratísima” y prometió que el país será “una potencia mundial dentro de 30 años”. Cerró con su ya famosa expresión: “Vamos a crecer como pedo de buzo”, pero la frase, lejos de distender el clima, dejó perpleja a gran parte de la audiencia.

Al terminar, el desaire fue evidente: más de la mitad de los presentes se retiraron sin saludarlo, marcando distancia con el presidente y evidenciando que, esta vez, el intento de Milei por seducir al capital extranjero terminó con un portazo. El contraste fue notorio con la exposición de Caputo, que recibió más aplausos y se mostró dispuesto al intercambio técnico con los empresarios.

Lo que quedó en el aire no fue sólo una molestia diplomática, sino una señal política: incluso aquellos a quienes Milei dice defender —el gran capital extranjero— comienzan a tomar distancia ante la falta de reglas claras, el desprecio por los marcos legales y la peligrosa lógica de que todo dinero vale, sin importar de dónde viene.

El sueño del “paraíso libertario” empieza a resquebrajarse cuando ni siquiera sus potenciales beneficiarios lo compran.

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