La histórica fabricante de termos pasó de 200 a 70 empleados y se vio obligada a importar el 60% de sus productos desde China, para sobrevivir. Otra triste postal de la Argentina libertaria.
La histórica fábrica argentina Lumilagro, símbolo del mate y emblema de la industria nacional, atraviesa una crisis sin precedentes. Presionada por la apertura comercial sin restricciones y el avance del contrabando, la empresa se vio obligada a reducir su planta de 200 a solo 70 trabajadores y a importar el 60% de sus productos desde China para poder subsistir.
La situación de Lumilagro expone con crudeza el impacto de las actuales políticas económicas sobre el tejido productivo argentino. “La alternativa era adaptarse o desaparecer”, admitió el gerente comercial, Carlos Bender, en una entrevista con Infobae. Ante un mercado saturado por productos asiáticos de bajo costo —muchos de ellos ingresados de forma ilegal—, la firma decidió adoptar un modelo mixto: conservar parte de su producción nacional, pero resignarse a depender mayoritariamente de la importación.
De fabricar termos a importar para sobrevivir
La decisión de tercerizar el 60% de la producción en China, con control de diseño y calidad por parte de la marca, busca mantener a Lumilagro en el mercado ante un escenario cada vez más adverso. La producción local quedará reducida a su clásico termo con ampolla de vidrio y una pequeña línea de acero inoxidable, que hoy representa apenas el 40% del total.
Caída de ventas, pérdida de empleo y desindustrialización
En los últimos años, Lumilagro aplicó un plan de retiros voluntarios que llevó su dotación de personal de cerca de 200 empleados a poco más de 70. La caída del consumo interno, la pérdida de competitividad frente a importaciones baratas y la inundación de termos por contrabando dejaron sin margen de maniobra a la firma.
La situación se agravó con el reciente levantamiento de los aranceles antidumping para termos chinos, vigente desde 2001, que desprotegía a la producción nacional frente al dumping comercial. Según datos de la Comisión Nacional de Comercio Exterior, entre 2021 y 2024 la industria sufrió caídas del 26,5% en producción, 32% en ventas internas, 31% en empleo y una reducción del uso de capacidad instalada del 51% al 21%.
Contrabando sin freno
El contrabando también golpea fuerte. Bender reveló que, según datos oficiales de Bolivia, ese país —sin una tradición matera— importó en un año más de 4 millones de termos de acero desde China a precios extremadamente bajos. La sospecha es clara: gran parte de esos productos ingresaron ilegalmente a Argentina. “No hay controles reales en las fronteras y en las góndolas es imposible distinguir qué es legal y qué no”, advirtió el gerente.
Una transformación forzada
En medio de la desprotección y la falta de incentivos, Lumilagro optó por transformarse para no desaparecer. El giro en su modelo de negocio refleja una tendencia creciente en la industria nacional: abandonar la producción local y recurrir a la importación como única vía de supervivencia.
La empresa toma esta decisión mientras el Gobierno, a través de figuras como el ministro Federico Sturzenegger, profundiza su ofensiva contra los subsidios y las políticas de protección industrial. La tensión con los sectores fabriles crece, y los sindicatos advierten que la pérdida de empleos ya es crítica.
Lo que ocurre con Lumilagro no es un caso aislado. Es el síntoma de un proceso más amplio de desindustrialización, donde marcas emblemáticas se ven forzadas a renunciar a su identidad productiva para sobrevivir en un mercado sin reglas claras ni condiciones de competencia justa.