Lo que se prometía como la era del autoabastecimiento gracias a Vaca Muerta terminó siendo un negocio redondo para las grandes petroleras. Javier Milei acordó pagarles hasta un 65% más por el gas, garantizando ganancias extraordinarias a las empresas mientras el Estado asume pérdidas millonarias.
La excusa oficial es “evitar cortes”, pero el trasfondo es claro: las petroleras le torcieron el brazo al Gobierno. Empresas como YPF, Total Energies, Tecpetrol (del Grupo Techint, aportante a la campaña de Milei), CGC (de Eurnekian, padrino político de Milei), Pampa Energía y otras exigieron un precio muy por encima del Plan Gas para inyectar más gas en plena ola polar.
Este sobreprecio quedó oficializado a través de Cammesa, la distribuidora mayorista de energía, que lanzó una subasta pagando hasta 7,50 dólares por millón de BTU, 3 dólares más que el promedio invernal. La práctica habitual era pagar el 90% del precio del Plan Gas, alrededor de 4,45 dólares, pero bajo el mandato de Milei, el Estado quebró su propio criterio para asegurar que las petroleras abran la canilla.
Hace apenas unas semanas, ciudades como Mar del Plata sufrieron cortes de gas porque las empresas no quisieron inyectar más gas al precio habitual. Ahora, el Gobierno, lejos de sancionar o regular, premia a las compañías con un sobreprecio que vacía las arcas públicas y dispara los tarifazos a los hogares.
Mientras los usuarios pagan aumentos brutales —un 1482% de suba en las boletas de gas en el AMBA desde que asumió Milei—, las petroleras embolsan ganancias récord. Y con la Ley Bases, Milei profundizó la entrega: eliminó la obligación de abastecimiento interno y permitió la libre exportación de gas por 30 años a precio internacional, asegurando para las multinacionales rentas a costa del pueblo argentino.
El resultado es un Estado más endeudado, usuarios asfixiados por las tarifas y un puñado de empresas celebrando la transferencia de recursos más grande de los últimos tiempos.