Con tasas que llegaron hasta el 65,3% anual, el Ministerio de Economía —a cargo de Luis Caputo— adjudicó alrededor de $9 billones en letras y bonos en la última licitación de julio. El objetivo era cubrir vencimientos por más de $11 billones, por lo que la colocación logró refinanciar el 76% de los compromisos. El interés del mercado fue moderado: las ofertas superaron apenas en $400.000 millones el monto finalmente tomado por el Tesoro.
Lejos quedó la propuesta de Javier Milei de cerrar el Banco Central. No solo no se cierra sino que emite pesos más que nunca. Además, toma deuda en pesos y en dólares como nunca antes. ¿Bomba explosiva?
La operación sirvió para cerrar un mes marcado por la tensión financiera, tras la decisión oficial de discontinuar las LEFI, un instrumento clave que había funcionado como válvula de liquidez diaria para los bancos.
Pero el frente financiero continúa abierto y se vuelve más exigente: entre agosto y octubre, el Tesoro enfrenta vencimientos por unos $70 billones. Ese volumen plantea un doble desafío para el Gobierno: sostener el financiamiento en pesos sin convalidar tasas cada vez más altas y, al mismo tiempo, evitar una nueva escalada de tensiones cambiarias e inflacionarias. En un contexto donde el mercado ya descuenta un escenario de devaluación tras las elecciones de octubre, cada licitación se vuelve una prueba de fuego.