La narrativa oficial de Javier Milei insiste en que la emisión monetaria se terminó. Pero los datos del propio Banco Central revelan otra historia: lejos de extinguirse, la emisión solo cambió de disfraz. Ya no llega como adelantos directos al Tesoro, sino por la puerta de atrás: intereses, pasivos remunerados, operaciones con futuros, tasas imposibles y un truco fiscal conocido como “deuda flotante”.
Según el último informe del BCRA, la base monetaria creció un 97% en los últimos 12 meses. Sí, casi el doble, en un contexto donde la economía real está estancada. El agregado M3 —la suma del dinero en los bancos y en el bolsillo de la gente— subió un 64%. Pero lo más explosivo está en los “cuasi” pesos: pasivos remunerados como LECAPs y pases, que treparon 5,6% en apenas 30 días.
El corazón del esquema económico actual es un pacto con el diablo financiero: ofrecer tasas altísimas para evitar que los ahorristas corran al dólar. Pero esas tasas no se pagan con magia, sino con más emisión. El Estado imprime para sostener una fantasía que tarde o temprano se estrella contra la realidad.
La supuesta “emisión cero” es, en rigor, un maquillaje contable: el Gobierno traslada la creación de dinero a mecanismos opacos, que generan intereses cada vez más costosos y comprometen el futuro fiscal. En el casino financiero de Milei, la apuesta es clara: tapar una pérdida con otra y esperar que nadie se dé cuenta.