Milei habla de âlibertad de expresiÃģnâ para justificar ataques contra un niÃąo autista activista
El presidente Javier Milei enfrenta una demanda por compartir en redes un mensaje ofensivo contra Ian Moche, un niÃąo autista activista. Su defensa basada en la âlibertad de expresiÃģnâ profundiza la polÃĐmica sobre el uso del poder presidencial para atacar a uno de los sectores mÃĄs vulnerables de la sociedad.
El presidente Javier Milei enfrenta una demanda judicial tras compartir en sus redes sociales un tuit ofensivo contra Ian Moche, un niÃąo de 12 aÃąos con autismo que se convirtiÃģ en un referente activista por los derechos de las personas neurodivergentes.
En su defensa, Milei sostuvo que el reposteo fue una âacciÃģn privadaâ amparada por la libertad de expresiÃģn y negÃģ que se tratara de un acto oficial o un ataque al honor del menor. AdemÃĄs, argumentÃģ que la condiciÃģn de niÃąo y activista no lo exime de ser una figura pÚblica sobre la cual se pueden emitir opiniones.
Sin embargo, la familia de Ian Moche denunciÃģ que el presidente violÃģ el principio del interÃĐs superior del niÃąo y presentÃģ una demanda que denuncia la amplificaciÃģn y legitimaciÃģn de un mensaje ofensivo y discriminatorio. La presentaciÃģn subraya que la acciÃģn presidencial no sÃģlo afecta la integridad emocional del menor, sino que tambiÃĐn contribuye a reforzar estigmas y promueve un trato desigual y denigrante, violando tratados internacionales y la ConstituciÃģn Nacional.
La gravedad de que un mandatario utilice su altavoz pÚblico para atacar a un niÃąo con discapacidad pone en cuestiÃģn no sÃģlo la sensibilidad polÃtica, sino tambiÃĐn la responsabilidad ÃĐtica que deberÃa guiar su gestiÃģn. En lugar de proteger y fomentar la inclusiÃģn, Milei eligiÃģ profundizar la estigmatizaciÃģn y el discurso de odio contra uno de los sectores mÃĄs vulnerables de la sociedad.
Mientras la justicia avanza con la causa, queda claro que el presidente prioriza un discurso confrontativo y divisivo antes que el respeto a los derechos humanos fundamentales. La sociedad exige un lÃmite ÃĐtico ineludible, sobre todo cuando se trata de la protecciÃģn de la niÃąez y la diversidad.









