El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, vuelve a quedar en el centro de las especulaciones políticas. En medio de una gestión marcada por la recesión, la disparada inflacionaria y las crecientes tensiones con el mercado, en los pasillos del poder ya se habla de la posibilidad de que presente su renuncia después de las elecciones. La versión, alimentada por funcionarios y operadores financieros, refleja el desgaste de una figura que llegó con el aval presidencial, pero que cada vez enfrenta mayores cuestionamientos.
El factor electoral aparece como determinante. La Casa Rosada necesita mantener cierta calma cambiaria hasta los comicios, y Caputo ha sido el encargado de sostener esa estrategia a fuerza de endeudamiento y uso de reservas. Sin embargo, puertas adentro reconocen que el margen de maniobra se achica día a día y que, tras la contienda, podría abrirse un reacomodamiento en el gabinete económico.
La continuidad de Caputo dependerá, en gran medida, de la lectura política que haga Javier Milei del resultado electoral. Si el oficialismo logra un triunfo que refuerce su poder, la permanencia del ministro será vista como un gesto de estabilidad. En cambio, si el escenario se complica, la renuncia podría convertirse en una válvula de escape para contener críticas internas y enviar una señal de cambio hacia afuera.
Por ahora, el ministro guarda silencio y mantiene su rutina de reuniones con banqueros y fondos de inversión. Pero la incertidumbre crece: la posible salida de Caputo no sólo pondría en jaque la política económica, sino que abriría un nuevo capítulo en la relación del Gobierno con el establishment financiero, un vínculo que ha sido clave para la gobernabilidad en estos meses iniciales de gestión.