El Senado le asestó otro fuerte revés al gobierno de Javier Milei al rechazar por amplia mayoría su veto a la ley que obliga al Ejecutivo a repartir los Aportes del Tesoro Nacional de forma automática a las provincias.
El Senado de la Nación votó este jueves con 59 votos a favor, 9 en contra y 3 abstenciones para rechazar el veto presidencial a la ley de reparto automático de ATN. Se necesitaban al menos 46 para anular el veto, por lo que la oposición logró los dos tercios necesarios y pasó la decisión para que Diputados ahora también rechace el veto.
La norma había sido impulsada por los gobernadores y la Ciudad de Buenos Aires para poner un freno al ahogo financiero que denuncian venir sufriendo: los ATN son utilizados para ayudar a las provincias ante emergencias y desequilibrios fiscales, pero su distribución hasta ahora dependía de decisiones discrecionales del Poder Ejecutivo.
El veto de Milei se justificaba en argumentos de “equilibrio fiscal”: el Gobierno alegó que la ley obligaba a comprometer recursos sin definir adecuadamente su origen. Pero esos cuestionamientos no convencieron al Senado, donde los mandatarios provinciales forzaron la aprobación pese a los intentos del oficialismo por recomponer la relación con ellos mediante gestos de diálogo.
La derrota se suma a otros reveses legislativos recientes del Ejecutivo, como el rechazo a vetos presidenciales en las leyes de Financiamiento Universitario y Emergencia en Pediatría, que señalaban ya una tendencia de la oposición a frenar medidas de ajuste. Este nuevo resultado agrava la pérdida de gobernabilidad del oficialismo y pone en duda su capacidad para sostener un programa económico que requiere consenso federal.
Por último, aunque el Senado ya rechazó el veto, la insistencia definitiva depende de que la Cámara de Diputados también vote en igual sentido. Si eso sucede, Milei quedaría obligado a promulgar la ley, perdiendo el control discrecional sobre los ATN, lo que sería no solo un golpe político sino una pérdida de poder real, en un contexto donde ya exhibe fracturas con gobernadores que esperaban que él gobernara con “el látigo menos visible”.