El fallido del ministro de Economía Luis Caputo tras su participación en la “Argentina Week” dejó al descubierto, quizás sin proponérselo, la lógica que guía al gobierno libertario en su política económica.
“Gran trabajo vendiendo la Argentina”, celebró Caputo al felicitar a los gobernadores que participaron del encuentro con empresarios en Estados Unidos. La frase, lejos de pasar desapercibida, terminó funcionando como una admisión involuntaria de la estrategia oficial: presentar al país como una oportunidad de negocios para capitales extranjeros.
El ministro destacó que durante las reuniones “todos apoyaron el rumbo” del gobierno y elogió el rol de los mandatarios provinciales en la promoción del país ante inversores. Según Caputo, el clima que se percibe en el exterior es de entusiasmo y anticipa “un impresionante clima de inversiones” en los próximos meses.
Sin embargo, el comentario sobre “vender la Argentina” generó críticas porque resume con crudeza la orientación del programa libertario: la idea de convertir al país en una plataforma abierta a los grandes capitales internacionales, promoviendo la entrega de activos, recursos y generando oportunidades de negocio ante el sector privado global a expensas del patrimonio publico nacional.
El lapsus del titular de Economía terminó, así, exponiendo de manera transparente lo que para muchos analistas constituye el núcleo del proyecto económico oficial: la promoción de la Argentina como mercancía barata en el mercado global de inversiones.