Una nueva encuesta nacional revela un cuadro crítico para el gobierno de Javier Milei, con indicadores que muestran un deterioro simultáneo en la confianza pública, la economía y la credibilidad institucional.
La desaprobación a la gestión trepó al 64% —con fuertes subas en apenas un mes— y la imagen negativa del Gobierno ya alcanza el 62%, configurando el peor registro desde el inicio de la administración. Este rechazo no aparece aislado: se combina con una caída sostenida en la intención de voto y un desplome de las expectativas a futuro.
El dato más contundente surge del frente económico. Ocho de cada diez argentinos no logran cubrir sus gastos mensuales o apenas llegan con lo justo, consolidando un escenario de ajuste permanente. A esto se suma una percepción mayoritariamente negativa: el 61% cree que el país está peor que hace un año y el 65% duda de la capacidad oficial para sostener la baja de la inflación.
En paralelo, emerge un factor especialmente sensible para el discurso oficial: la pérdida de credibilidad. El 71% desconfía de los datos del INDEC, erosionando uno de los principales pilares del relato económico del gobierno. Sin confianza en las estadísticas, incluso los logros que el oficialismo intenta mostrar pierden impacto político.
La imagen presidencial también acusa el desgaste: predomina la valoración negativa y cae el apoyo electoral, mientras que la evaluación de la gestión es desfavorable en áreas clave como lo social, lo económico y la política exterior.
Finalmente, otro dato enciende alarmas: la corrupción e impunidad aparece como la principal preocupación social. Esto tensiona directamente la narrativa fundacional del oficialismo, basada en la promesa de combatir a “la casta” y sanear el Estado.
En conjunto, los números no solo reflejan malestar, sino un escenario de desconfianza creciente y fragilidad política, donde el desafío para el gobierno ya no es solo económico, sino reconstruir legitimidad en una sociedad que muestra signos claros de ruptura con sus expectativas iniciales.