Manuel Adorni intentó defenderse públicamente, pero su descargo terminó convirtiéndose en un verdadero enredo que lo dejó aún más expuesto.
En la conferencia de prensa que organizó para despejar las denuncias en su contra, el propio Manuel Adorni terminó complicándose solo: en medio de su explicación, reveló casi al pasar que posee otro departamento en Caballito, un dato que no había sido mencionado previamente.
Lejos de aclarar la situación, la admisión generó más dudas que certezas. Mientras buscaba desmentir la existencia de una supuesta mansión en Martínez, terminó reconociendo la propiedad de un inmueble en la calle Miró al 500. Según información confirmada posteriormente, ese departamento fue adquirido sin haber vendido la vivienda en la que residía al ingresar al Gobierno, en Parque Chacabuco.
Los registros oficiales muestran que Adorni figura como copropietario, junto a su esposa Bettina Angeletti, de ambas propiedades en la Ciudad de Buenos Aires. Así, su intento de aclaración derivó en una situación más compleja: no solo no logró ordenar su versión, sino que dejó expuesta una acumulación de bienes difícil de explicar con su ingreso como funcionario.
A esto se suman otras decisiones que alimentan la polémica, como gastos en dólares para viajes —incluyendo un pasaje en clase ejecutiva para su esposa y vuelos privados—, lo que refuerza los cuestionamientos sobre su patrimonio.
Dentro del oficialismo, incluso, algunos lo vinculan con el estilo del presidente Javier Milei, recordando su autodefinición previa como “especialista en crecimiento económico con o sin dinero”.
En ese contexto, lo que debía ser una defensa terminó funcionando como una pieza que agravó el cuadro: Adorni no solo no despejó las sospechas, sino que, con sus propias palabras, profundizó el laberinto en el que quedó atrapado.