Según el Monitor de Opinión Pública de la consultora Zentrix, el 67% de los argentinos considera que se rompió el pacto “anti casta”, la principal bandera simbólica del oficialismo.
El deterioro de la confianza en el gobierno de Javier Milei se acelera en medio de la crisis económica y el impacto creciente de denuncias por corrupción, dos factores que comienzan a erosionar el núcleo de legitimidad con el que llegó al poder.
Según el Monitor de Opinión Pública de la consultora Zentrix, el 67% de los argentinos considera que se rompió el pacto “anti casta”, la principal bandera simbólica del oficialismo. Ese concepto, que durante meses funcionó como sostén político y moral del gobierno, muestra hoy un desgaste profundo frente a una opinión pública cada vez más crítica.
El malestar social se apoya también en la situación económica: el 81,6% de los consultados afirma haber tenido que resignar consumos en los últimos seis meses, desde salidas y ocio hasta compras habituales del hogar y gastos básicos como alimentos, salud y servicios. Este ajuste cotidiano refuerza la percepción negativa sobre la gestión.
🎭SE DESGASTA UNA BANDERA CENTRAL
— Zentrix Consultora (@ZXConsultora) April 26, 2026
67% cree que el pacto “anti-casta” con el que llegó Milei ya se rompió.
El dato no golpea solo a un slogan: afecta una de las bases simbólicas del oficialismo. Cuando esa promesa pierde fuerza, también se erosiona la credibilidad del Gobierno.… pic.twitter.com/4DCNVlh42F
En paralelo, la corrupción dejó de ser un tema secundario para convertirse en uno de los ejes centrales del descontento. El 57,3% percibe corrupción generalizada en el gobierno y el 60,2% interpreta las denuncias como parte de un problema estructural. Incluso entre votantes oficialistas, la corrupción ya aparece como la principal preocupación, por encima del desempleo, la inflación y los salarios.
El problema para el gobierno no es solo el impacto puntual de las denuncias, sino la inversión del sentido de su principal promesa: la bandera “anti casta” empieza a operar ahora como un factor de vulnerabilidad que erosiona su credibilidad. La desconfianza no se limita a hechos concretos, sino que alcanza la percepción sobre la voluntad real de prevenir irregularidades.
La credibilidad del Indec, también erosionada
A esto se suma la creciente distancia entre los datos oficiales y la experiencia cotidiana. Según el relevamiento, el 70,3% considera que las cifras de inflación difundidas por el INDEC no reflejan lo que ocurre en la vida diaria, ampliando la brecha respecto de meses anteriores y debilitando aún más la confianza institucional.
El impacto del caso Adorni
En este contexto, también se deteriora la imagen de figuras clave del oficialismo. El vocero presidencial Manuel Adorni aparece como uno de los dirigentes más afectados, con una imagen negativa del 73,9%, en parte asociada a su alta exposición pública y a las controversias recientes.
La combinación de crisis económica, percepción de corrupción y pérdida de credibilidad empieza así a configurar un escenario donde el principal capital político del gobierno —la confianza social— muestra signos claros de agotamiento.