El relato oficial sobre la baja de la inflación y la convergencia de precios con el mundo choca, una vez más, con los datos duros. Un relevamiento elaborado por economistas del IERAL revela que Argentina sigue siendo uno de los países más caros del planeta en indumentaria y bienes durables. El segmento acumula una diferencia que no tiene parangón en la comparación global: el 81% de los productos seleccionados en esa categoría cuesta más en el país que en el resto del mundo, una cifra que apenas varió respecto de fines de 2025.
La situación es especialmente crítica en ropa y calzado. Según el informe, existen cuatro productos entre los diez analizados en los que Argentina presenta precios más altos que todos los países incluidos en la comparación: la freidora de aire, los jeans, los vestidos y las zapatillas deportivas. La base de datos de Numbeo, que contempla los precios de 100 países, es todavía más contundente: Argentina es el país más caro del mundo en vestidos de marcas internacionales como Zara o H&M, ocupa el sexto lugar en zapatillas y el séptimo en jeans. No se trata de un empate técnico con otras economías caras: es la cima del ranking global.
El contraste con otras regiones del mundo resulta revelador. China y Brasil son las naciones donde más productos se consiguen más baratos que en Argentina: el 90% y el 80% de los bienes relevados, respectivamente, tienen precios inferiores a los locales. En el otro extremo, Australia, Estados Unidos y Francia muestran niveles de precios generalmente superiores, aunque en lo que va del año el valor en dólares de los productos argentinos se ha acercado al de los europeos. Respecto de Brasil, hubo cierto abaratamiento relativo en alimentos, pero en ropa y tecnología la brecha sigue siendo abismal.
El problema no se limita a la indumentaria. En alimentos y bebidas, el porcentaje de productos más caros que el promedio mundial trepó del 39% en diciembre pasado al 47% en abril, con la carne vacuna encabezando los encarecimientos relativos (entre 40% y 60% por encima del mundo), seguida por la cerveza (entre 34% y 46%) y las papas (entre 15% y 26%). El cuadro es el de una economía que, pese a la desaceleración inflacionaria que exhibe el Gobierno como trofeo, sigue cobrando en dólares precios que ningún trabajador argentino promedio —y pocos del mundo— pueden pagar sin sentirlo.