La tensión dentro del gobierno de Javier Milei dejó de ser un rumor de pasillo y empezó a filtrarse públicamente a través de sus propios protagonistas. El entredicho ocurrió durante la reunión de gabinete del viernes pasado, y sus detalles fueron revelados por el periodista Santiago Fioriti en Clarín. El detonante fue el escándalo en torno al jefe de Gabinete Manuel Adorni, investigado por presunto enriquecimiento ilícito: Patricia Bullrich había apurado públicamente a Adorni para que presentara su declaración jurada, señalando que eso debía ser “inmediato”. Esa postura le costaría cara en la siguiente reunión de ministros.
En esa reunión estuvieron presentes Karina Milei, Bullrich, Luis Caputo, Sandra Pettovello, Mariano Cúneo Libarona, Federico Sturzenegger y el propio Adorni. Según versiones que trascendieron, Bullrich tuvo que soportar que el Presidente hiciera una larga perorata defendiendo al jefe de Gabinete. Cuando Patricia quiso intervenir, Milei le habría gritado que no lo interrumpiera; al terminar, se levantó y se fue, avisando que debían escuchar a Adorni. Según otras filtraciones, Milei habría sido aún más tajante: “Ni en pedo se va Adorni”, habría afirmado el mandatario ante su gabinete.
Bullrich reconoció este martes que el presidente tiene “una emocionalidad importante”, aunque intentó matizar sus propias palabras al aclarar que “no lo definiría como un grito lo que hizo”. Las declaraciones se produjeron al ingresar al evento agropecuario JONAGRO. Cuando le preguntaron si los ministros tienen que acostumbrarse a los gritos de Milei o renunciar, como les habría sugerido Adorni, respondió: “No voy a contestar eso, no me corresponde”. La respuesta, cargada de evasivas estratégicas, terminó confirmando en los hechos aquello que intentaba desmentir.
En el entorno de Bullrich admiten fuertes diferencias sobre la situación económica, el tono agresivo del Gobierno contra periodistas y opositores, y la creciente influencia del círculo más cerrado de Karina Milei. Lejos de amedrentarse, Bullrich le dijo a su entorno que le tiene sin cuidado el enojo de Karina y que no piensa ceder en sus posicionamientos contra la corrupción. La situación refleja uno de los momentos de mayor tensión interna desde el inicio de la gestión libertaria, y deja al descubierto las contradicciones de un espacio político que hizo de la lucha anticorrupción su principal bandera de campaña.