El dato surge del Inform Risk Index, una herramienta elaborada por organismos vinculados a Naciones Unidas y la Unión Europea para medir el riesgo de crisis humanitarias y desastres en 191 países.
Cuando Javier Milei prometía durante la campaña que la Argentina podría convertirse en “Alemania en 20 años”, el mensaje apuntaba a un país ordenado, próspero y desarrollado. Sin embargo, apenas un año y medio después del inicio de su gestión, la Argentina acaba de quedar, por primera vez en su historia reciente, en condiciones de ser considerada receptora de ayuda humanitaria internacional.
El dato surge del Inform Risk Index, una herramienta elaborada por organismos vinculados a Naciones Unidas y la Unión Europea para medir el riesgo de crisis humanitarias y desastres en 191 países. En su última edición, la Argentina aparece en el puesto 94 y deja de ser catalogada como un país de “riesgo bajo” para ingresar en la categoría de “riesgo medio”.

No se trata de un detalle técnico ni estadístico. El índice es utilizado por gobiernos y organismos internacionales para orientar la asignación de fondos de cooperación y asistencia. Hasta ahora, la Argentina quedaba afuera de muchos programas porque era considerada una nación con capacidades suficientes para responder a crisis sociales y económicas. Eso cambió.
El deterioro se explica principalmente por tres variables que el informe considera centrales: el aumento de la vulnerabilidad socioeconómica, el debilitamiento de la capacidad estatal de respuesta y el deterioro de indicadores estructurales vinculados a desigualdad, infraestructura y protección social.
La dimensión que más impactó en la recategorización del país fue la de “vulnerabilidad”, donde se evalúan factores como desigualdad económica, pobreza, brecha de género, deterioro de ingresos y condiciones sociales. A eso se suma la caída en la capacidad de respuesta institucional, asociada al retroceso de la inversión pública, el deterioro de infraestructura y el debilitamiento de áreas sensibles del Estado.
Especialistas que trabajan desde hace años en cooperación internacional admiten que la situación representa un quiebre histórico. “Siempre fuimos un país de riesgo bajo. Este año aparecemos en rojo”, señaló una fuente del sector humanitario con más de 15 años de experiencia.
La paradoja es contundente: mientras el Gobierno sostiene un discurso de estabilidad macroeconómica y promete un futuro de prosperidad comparable al de las principales potencias europeas, la Argentina empieza a ser observada internacionalmente con parámetros similares a los que se aplican a países que requieren asistencia externa para afrontar crisis sociales.
El informe además advierte que la tendencia podría agravarse. La paralización de la obra pública, el deterioro de rutas, la pérdida de capacidad estatal y el retiro de políticas de contención social podrían profundizar en los próximos años los indicadores que hoy colocan al país en una zona inédita de vulnerabilidad.
De la promesa de convertirse en Alemania, a entrar en la lista de países que podrían necesitar ayuda humanitaria: el contraste resume, para muchos analistas, el verdadero saldo social del ajuste.