La medida afecta a unos 200 trabajadores y refleja el deterioro de un mercado interno que continúa sin mostrar señales de recuperación.
La profundización de la crisis industrial argentina volvió a quedar expuesta con la decisión de Acindar de paralizar durante una semana su planta de Villa Constitución debido al derrumbe de las ventas y la acumulación de stock. La medida afecta a unos 200 trabajadores y refleja el deterioro de un mercado interno que continúa sin mostrar señales de recuperación.
La siderúrgica, controlada por el grupo ArcelorMittal, interrumpirá sus actividades entre el 15 y el 19 de junio, en el marco de un esquema de suspensiones acordado con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Parte del personal adelantará vacaciones y otros operarios tomarán francos compensatorios mientras la empresa intenta adecuar su producción a una demanda cada vez más reducida.
Desde el sindicato advirtieron que la situación no es coyuntural, sino la continuidad de un proceso de retracción que se arrastra desde 2023 y que se agravó durante los últimos meses. “El mercado local está cada vez más deprimido”, alertó el secretario general de la UOM de Villa Constitución, Pablo González, al describir el escenario que enfrenta la actividad metalúrgica.
La caída de la producción refleja la magnitud de la crisis. Actualmente Acindar produce entre 75.000 y 80.000 toneladas mensuales, muy lejos de su capacidad instalada de 140.000 toneladas. Esto implica que la planta opera por debajo del 60% de su potencial, un indicador que revela el nivel de ociosidad que atraviesa uno de los principales complejos siderúrgicos del país.
A la retracción de la demanda interna se suma otro factor que preocupa al sector: el aumento de las importaciones. Desde la UOM señalaron que el ingreso de acero chino y de manufacturas elaboradas con ese insumo está desplazando a la producción nacional en un mercado ya reducido. “El acero chino está inundando el mercado entre lo poco que se vende”, sostuvo González.
Frente a este escenario, la empresa busca incrementar sus exportaciones y avanzar en procesos de modernización para reducir costos y mejorar su competitividad. Sin embargo, desde el gremio advierten que estas transformaciones también implican una menor necesidad de mano de obra y generan incertidumbre sobre el futuro del empleo industrial.
Actualmente la planta cuenta con unos 800 trabajadores propios y cerca de 900 contratistas, aunque años atrás ambas categorías superaban ampliamente el millar de empleados. Además, alrededor de 50 talleres y pequeñas empresas de Villa Constitución dependen de manera directa de la actividad de Acindar, por lo que cada reducción en la producción impacta sobre toda la economía regional.
La nueva paralización de la acería santafesina se suma a una serie de señales que muestran el deterioro del entramado productivo nacional. Con el consumo en retroceso, la construcción estancada y una creciente presión de las importaciones, la industria enfrenta un escenario cada vez más complejo, sin perspectivas claras de recuperación en el corto plazo.