El empresario más poderoso de Córdoba alertó por comercios endeudados y salarios que se evaporan antes de mitad de mes

Roberto Urquía, dueño de Aceitera General Deheza y uno de los empresarios más poderosos de Córdoba y del país, lanzó una advertencia que expone las crecientes tensiones del modelo económico libertario: mientras el Gobierno reivindica el equilibrio fiscal y la desaceleración de la inflación, buena parte de la economía real sigue sin encontrar alivio. “A la gente no le alcanza para llegar a 15 de cada mes”, afirmó.

El diagnóstico adquiere especial relevancia porque no proviene de un dirigente opositor ni de un referente sindical, sino de uno de los principales empresarios del interior productivo. Roberto Urquía, exsenador nacional y dueño de Aceitera General Deheza (AGD), reconoció que existen sectores que atraviesan un buen momento, como la minería, Vaca Muerta y parcialmente el campo, pero advirtió que el panorama es muy diferente para el comercio y otras actividades vinculadas al mercado interno.

“Ya no vende directamente, sea chino, sea nacional”, describió Urquía al graficar la profundidad de la caída del consumo. La frase resume uno de los principales problemas de la economía: aun con una macroeconomía que el Gobierno presenta como ordenada, la demanda interna continúa debilitada y numerosas empresas enfrentan crecientes dificultades para sostener sus niveles de actividad.

El salario se evapora antes de mitad de mes

El empresario puso el foco especialmente en el deterioro de los ingresos y en sus consecuencias sobre trabajadores y empresas. “Hoy les cuesta mucho a las empresas pagar los sueldos y a la gente no le alcanza, no para llegar a fin de mes, no le alcanza para llegar al 15 de cada mes”, sostuvo.

La advertencia expone una de las principales contradicciones del discurso oficial: mientras la Casa Rosada destaca el equilibrio fiscal y la baja de la inflación como grandes logros, esos resultados todavía no se traducen en una mejora perceptible para numerosos sectores de la economía real.

El propio Urquía reconoció que “la macro está bien” y destacó el equilibrio fiscal y la desaceleración inflacionaria, pero inmediatamente marcó el límite de ese diagnóstico: ese proceso “no llega a algunos sectores de la micro”. Es decir, la estabilidad de las cuentas públicas no alcanza cuando comercios, empresas y familias siguen enfrentando una fuerte retracción de la demanda y del poder adquisitivo.

Una crítica que llega desde el corazón del empresariado

Las declaraciones de Urquía adquieren una dimensión política y económica particular porque se suman a un creciente malestar que comienza a atravesar incluso a sectores empresarios que tradicionalmente reclaman estabilidad macroeconómica y reglas claras.

El planteo deja en evidencia que el problema ya no puede reducirse a una disputa entre el Gobierno y sus opositores. Cuando uno de los empresarios más importantes de Córdoba advierte que los comercios no venden, que las empresas tienen dificultades para pagar salarios y que los trabajadores no llegan al día 15, aparece una señal de alarma proveniente del propio sector productivo.

Urquía también cuestionó las dificultades que enfrenta el interior para hacer llegar sus reclamos al Gobierno nacional. “A la gente del interior nos cuesta mucho llegar al diálogo con el Gobierno nacional”, afirmó, aunque reconoció que existe contacto con algunos ministros, entre ellos Luis Caputo y el jefe de Gabinete.

En ese sentido, reclamó mayor protagonismo para el interior productivo y recordó que la Argentina excede ampliamente al área metropolitana. “Argentina es mucho más que el conglomerado importante de gente que vive entre la General Paz y otras avenidas”, sostuvo.

Tasas de hasta 1.300% y críticas a la falta de regulación

Otro de los puntos que generó preocupación fue su cuestionamiento a determinadas fintech y financieras digitales. Urquía denunció que algunas llegan a cobrar tasas de hasta 1.300% anual, una cifra que calificó directamente como “una cosa de loco”.

Frente a estos niveles de financiamiento, reclamó una intervención más activa del Estado. “El Gobierno está para eso, está para los abusos”, afirmó, en una definición que también marca distancia con una concepción de Estado limitado a su mínima expresión.

El empresario fue incluso más allá y cuestionó el trato diferencial que, a su entender, recibe el capital extranjero frente a la producción nacional. “Ahí va la alfombra roja”, señaló sobre las inversiones externas, mientras sostuvo que la producción argentina “no tiene un embajador que la defienda”.

Así, desde uno de los sectores más poderosos del empresariado cordobés emerge un diagnóstico incómodo para el Gobierno: la estabilidad macroeconómica no está logrando recomponer la economía cotidiana. Comercios que no venden, empresas que tienen dificultades para pagar salarios, trabajadores cuyo ingreso se termina antes de mitad de mes y tasas de financiamiento exorbitantes configuran un escenario que empieza a generar preocupación más allá de los sectores tradicionalmente críticos del oficialismo.

Y que estas advertencias surjan desde el corazón del empresariado productivo constituye, acaso, una de las señales más contundentes de que el malestar con el rumbo económico comienza a adquirir un carácter cada vez más transversal.

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